El presidente Donald Trump firmará un decreto el martes para ayudar a la industria del carbón, que está en declive, según informa Bloomberg. Este decreto ordenará al gobierno federal clasificar el carbón como un mineral crítico y obligará a algunas plantas de energía que funcionan con carbón, que estaban a punto de cerrarse, a seguir generando electricidad. La administración Trump presentará esta medida como parte de un esfuerzo por aumentar la producción de electricidad, ya que la demanda de los centros de datos está en aumento.
Aunque este decreto podría evitar algunos cierres, es poco probable que revierta la caída constante del carbón en el sector energético. Desde 2001, la participación del carbón en la generación de electricidad ha disminuido, pasando del 51% al 15% actual. Las regulaciones de aire limpio han llevado al cierre de algunas plantas, pero el principal motivo ha sido el bajo costo del gas natural. Además, las fuentes de energía renovable, como la solar y la eólica, también han contribuido a esta disminución.
El carbón es la forma más contaminante de generar electricidad, ya que libera más dióxido de carbono por kilovatio-hora que cualquier otro combustible fósil. Su humo contiene dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno y partículas finas, que causan problemas ambientales y de salud, como lluvia ácida, ozono, enfermedades cardíacas y posiblemente Parkinson. La quema de carbón también libera mercurio al medio ambiente, que se acumula en peces y otros animales, y eventualmente llega a los humanos que los consumen. La intoxicación por mercurio puede reducir el coeficiente intelectual y causar defectos de nacimiento.
La administración Trump podría tener más éxito al designar el carbón metalúrgico como un mineral crítico, ya que la producción de acero a menudo utiliza carbono del carbón para convertir mineral de hierro en hierro fundido. Aunque las técnicas de acero verde han avanzado, suelen ser más costosas. Sin embargo, en el sector energético, el carbón enfrenta grandes desafíos. Las plantas de energía existentes podrían tener un respiro temporal, pero competirán con la energía solar y eólica, que son más baratas y están en constante disminución de precio. De hecho, casi todas las plantas de carbón en EE. UU. son más costosas de operar que construir nuevas instalaciones de energía renovable. Además, las energías renovables pueden implementarse más rápidamente que las nuevas plantas de combustibles fósiles, lo que hace que la construcción de nuevas plantas de carbón sea una opción cada vez más lejana.


