Los investigadores de Empa, los Laboratorios Federales Suizos de Ciencia y Tecnología de Materiales, están explorando el uso del micelio de hongos para crear baterías compactas y biodegradables. Su objetivo es desarrollar un “papel fúngico” que sirva como electrodos para estas baterías. Según el investigador Ashutosh Sinha, esta idea aún está en fase experimental.
La propuesta de una batería biodegradable hecha de materiales vivos es ambiciosa. El equipo trabaja con el micelio del hongo “split-gill”, conocido por sus propiedades mecánicas y biológicas únicas. Este hongo es naturalmente biodegradable y, al combinarse con su matriz extracelular, genera un material con gran potencial para aplicaciones sostenibles en tecnología. La meta es crear un sistema que se descomponga sin liberar desechos dañinos, a diferencia de los dispositivos electrónicos convencionales.
Los investigadores de Empa están analizando cómo la resistencia del micelio y su sensibilidad a la humedad pueden aplicarse en componentes como sensores y baterías biodegradables. Sin embargo, trabajar con materiales vivos presenta desafíos significativos. La naturaleza biodegradable del micelio es una ventaja, ya que podría reducir el impacto ambiental de las baterías, pero también plantea preocupaciones sobre su durabilidad y fiabilidad en dispositivos electrónicos.
Además, los materiales vivos responden a su entorno, lo que dificulta predecir o controlar su comportamiento de manera constante. Gustav Nyström, de Empa, menciona que “los materiales biodegradables siempre reaccionan a su entorno. Queremos encontrar aplicaciones donde esta interacción no sea un obstáculo, sino quizás incluso una ventaja”.
Aunque la idea de una batería compacta y biodegradable con electrodos de papel fúngico sigue siendo conceptual, representa un paso prometedor hacia una electrónica más sostenible y consciente del medio ambiente.


