Los chatbots de inteligencia artificial y los videos consumen una gran cantidad de energía y agua. Un video de cinco segundos generado por IA utiliza tanta energía como un microondas funcionando durante una hora o más. Desde 2017, el uso de energía en los centros de datos se ha duplicado, y se espera que para 2028, la inteligencia artificial represente la mitad de ese consumo.
Un estudio reciente del MIT Technology Review revela cuánta energía requieren los modelos de IA. Por ejemplo, una respuesta básica de un chatbot puede usar entre 114 y 6,700 julios, dependiendo de la duración de la interacción. Sin embargo, cuando se trata de tareas más complejas, como generar imágenes o videos, el consumo de energía puede dispararse a 3.4 millones de julios, lo que equivale a más de una hora de uso de microondas.
Aunque los usuarios no suelen notar el alto consumo de energía, este es significativo. Por ejemplo, al solicitar 15 preguntas a un chatbot, 10 imágenes generadas por IA y tres videos de cinco segundos, se puede requerir aproximadamente 2.9 kilovatios-hora de electricidad, lo que equivale a tres horas y media de funcionamiento de un microondas.
El aumento en la demanda de energía de los centros de datos ha sido rápido. Antes del auge de la IA, el consumo de energía en estos centros se había estabilizado gracias a mejoras en la eficiencia. Sin embargo, desde 2017, el uso de energía se ha duplicado, y se estima que la mitad de esa energía será para IA en 2028.
No se trata de hacer sentir culpables a los usuarios. Aunque algunos utilizan la IA por razones profesionales, muchos también la emplean para entretenimiento y tareas personales. Los desarrolladores de la infraestructura de IA son conscientes de este problema y algunos están buscando opciones de energía más limpias. Por ejemplo, Microsoft está considerando acuerdos con plantas de energía nuclear.
A nivel individual, el uso o la evitación de la IA no marcará una gran diferencia, pero fomentar mejores soluciones energéticas entre los propietarios de centros de datos podría tener un impacto positivo. La solución más optimista sería desarrollar chips más eficientes en energía, mejores sistemas de refrigeración y fuentes de energía más sostenibles. Además, el impacto ambiental de la IA debería ser discutido como cualquier otra infraestructura energética.
A medida que herramientas como ChatGPT, Gemini y Claude se vuelven más inteligentes y están más integradas en nuestras vidas, la presión sobre la infraestructura energética seguirá creciendo. Si este crecimiento ocurre sin una planificación adecuada, podríamos encontrarnos tratando de enfriar una supercomputadora con un ventilador de papel mientras consumimos una papa cruda.


