Nicholas Leonard y Derek Caneja detectaron un problema en la nueva ola de agentes de voz con IA: las herramientas sin código permiten crear productos muy rápido, pero con poca calidad, y las soluciones más avanzadas exigen meses de trabajo y muchos recursos. Para cubrir ese hueco fundaron VoiceRun, una plataforma que permite a desarrolladores y asistentes de programación crear, lanzar y escalar agentes de voz directamente mediante código.
A diferencia de los sistemas de “low-code” basados en diagramas visuales y cajitas de prompts, VoiceRun apuesta por que los agentes se definan en su “lenguaje nativo”: el código. Esto ofrece mucha más flexibilidad, por ejemplo para ajustar acentos o dialectos, añadir funciones muy específicas o hacer cambios finos que las interfaces visuales no contemplan. Además, la plataforma incorpora pruebas A/B y despliegue casi instantáneo con un clic.
El público objetivo son desarrolladores de empresa que quieran integrar IA de voz en sus servicios, como centros de atención al cliente o productos tecnológicos. Leonard cita el caso de una empresa de tecnología para restaurantes que utiliza VoiceRun para un conserje telefónico de reservas totalmente automatizado.
VoiceRun acaba de cerrar una ronda semilla de 5,5 millones de dólares liderada por Flybridge Capital, en un mercado de agentes de IA donde ya compite con herramientas sin código como Bland y ReTell AI, y con soluciones más complejas como LiveKt y Pipecat. La compañía se posiciona en un punto intermedio: ofrece infraestructura global de voz y un ciclo de vida de desarrollo guiado por evaluaciones, pero mantiene el control del código de negocio y los datos en manos del cliente. Su visión es que los desarrolladores supervisen agentes que escriben código, ejecutan tests, despliegan y proponen mejoras.
Leonard aspira a cambiar la mala imagen de los sistemas automáticos de voz, que hoy llevan a muchos clientes a preferir hablar con una persona. Argumenta que los humanos también tienen limitaciones (idioma, prejuicios) y compara el momento actual con el salto que dio el automóvil con la cadena de montaje: ya existen buenos agentes de voz, pero no serán ubicuos hasta que exista una “fábrica” que los produzca de forma masiva. VoiceRun quiere ser precisamente esa fábrica.


