La aplicación Sora de OpenAI, presentada como una especie de TikTok impulsado por inteligencia artificial, atraviesa una fuerte desaceleración después de un estreno fulgurante en 2025. Impulsada por el modelo de generación de video Sora 2, la app superó las 100.000 descargas en su primer día en iOS, alcanzó el número 1 en la App Store de EE. UU. y llegó al millón de descargas más rápido que ChatGPT, pese a funcionar solo con invitación. En total, suma ya 9,6 millones de descargas entre iOS y Android y 1,4 millones de dólares en gasto de usuarios, la mayor parte en Estados Unidos.
Sin embargo, los datos de Appfigures muestran que el entusiasmo inicial se ha enfriado con rapidez. En diciembre las descargas cayeron un 32 % intermensual y en enero de 2026 el descenso fue del 45 %, hasta 1,2 millones de instalaciones. El gasto de los usuarios también se ha reducido: en enero se situó en 367.000 dólares, frente al máximo de 540.000 dólares en diciembre, lo que supone una caída mensual del 32 %. Sora ha salido del top 100 de apps gratuitas en la App Store de EE. UU. (ahora es la número 101) y en Google Play su posición es aún más baja, en el puesto 181.
Sora permite crear videos generados por IA a partir de instrucciones de texto, con la opción de que los usuarios se conviertan en protagonistas y de que otros puedan remezclar y personalizar los clips, añadiendo música, efectos de sonido y diálogos. Pero varios factores han frenado su expansión. Por un lado, la competencia de otros grandes actores de la IA generativa, como Gemini de Google (cuyo modelo Nano Banana ha impulsado su propia app) y Meta AI, que ha ganado tracción con su feed de video Vibes. Por otro, los problemas de derechos de autor: inicialmente, OpenAI permitía por defecto que se usara propiedad intelectual ajena salvo que los estudios pidieran expresamente quedar fuera, lo que generó quejas de Hollywood y de la MPA. Esa flexibilidad, sin embargo, alimentó la popularidad de Sora, ya que los usuarios creaban videos con personajes conocidos como Bob Esponja o Pikachu.
Para evitar conflictos legales, OpenAI cambió a un modelo de “opt-in” y endureció las restricciones, lo que limitó el uso de personajes comerciales y, con ello, parte del atractivo inicial de la app. Más tarde firmó un acuerdo con Disney para permitir la generación de videos con sus personajes, pero de momento ese anuncio no se ha traducido en un repunte de descargas ni de gasto. Además, muchos usuarios se muestran reacios a que terceros —incluso amigos— utilicen su imagen en videos generados por IA, lo que reduce el efecto viral que se esperaba de la plataforma.
Pese a que sus cifras siguen siendo demasiado altas como para darla por muerta, Sora ha pasado en pocos meses de ser presentada como la “TikTok de la IA” a convertirse en un experimento bajo presión. Su futuro dependerá de si OpenAI logra equilibrar el atractivo creativo de la herramienta con el respeto a los derechos de autor y la privacidad, y de si es capaz de diferenciarse de rivales cada vez más fuertes en el competitivo mercado de las apps de IA.


