Un creciente número de compañías está atribuyendo sus recortes de personal a la inteligencia artificial, aunque en muchos casos la tecnología no sea la causa real. Según un artículo de The New York Times, en 2025 se anunciaron más de 50.000 despidos supuestamente ligados a la IA, con empresas como Amazon y Pinterest entre las que señalaron a esta tecnología como responsable.
Sin embargo, un informe de la consultora Forrester advierte de una tendencia de “AI‑washing”: empresas que presentan los despidos como consecuencia de la automatización futura, cuando en realidad responden a motivos financieros o a errores previos, como el exceso de contrataciones durante la pandemia. El reporte subraya que muchas de estas compañías ni siquiera cuentan con sistemas de IA maduros y verificados que puedan reemplazar de inmediato los puestos eliminados.
Molly Kinder, investigadora senior del Brookings Institute, apunta que culpar a la IA es un mensaje muy atractivo para los inversores, porque sugiere modernización y eficiencia. La alternativa —reconocer que el negocio atraviesa dificultades— resulta mucho menos conveniente para la imagen corporativa. El debate abre interrogantes sobre hasta qué punto la IA está transformando realmente el empleo y cuánto se está usando como coartada para ajustes de plantilla motivados por otros problemas empresariales.


