Elon Musk ha dado pasos concretos para convertir en realidad una idea que sonaba casi a ciencia ficción: trasladar buena parte de la potencia de cómputo de la inteligencia artificial al espacio. SpaceX ha presentado ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos un ambicioso plan para desplegar una red de hasta un millón de centros de datos satelitales, alimentados por energía solar en órbita.
En paralelo, SpaceX completó la fusión con xAI, la empresa de IA de Musk, integrando así sus proyectos espaciales y de inteligencia artificial bajo una misma estructura. Esta unión refuerza la hipótesis de una gran infraestructura conjunta en el espacio dedicada al entrenamiento y operación de modelos de IA.
La FCC ya ha aceptado a trámite la solicitud y ha abierto un periodo de comentarios públicos. Aunque se trata de un paso rutinario, el presidente de la FCC, Brendan Carr, compartió el expediente en X, algo inusual y que se interpreta como una señal de apoyo. Carr ha sido criticado por favorecer a aliados del expresidente Donald Trump, por lo que, mientras Musk mantenga una buena relación con ese círculo político, la aprobación del proyecto parece más probable.
Musk también ha empezado a defender públicamente la viabilidad de los centros de datos orbitales. En el pódcast “Cheeky Pint”, presentado por el cofundador de Stripe, Patrick Collison, y con la participación de Dwarkesh Patel, Musk argumentó que los paneles solares generan alrededor de cinco veces más energía en el espacio que en la Tierra, lo que, según él, abarataría de forma decisiva la operación de grandes granjas de servidores de IA.
Sin embargo, el razonamiento tiene matices. Como señaló Patel, el coste de un centro de datos no se limita a la energía: hay inversiones en hardware, refrigeración, mantenimiento y, en este caso, en lanzarlo y operarlo en órbita. También surgen dudas prácticas, como cómo reparar o sustituir GPUs que fallen durante el entrenamiento de modelos, algo crítico para la fiabilidad del sistema.
Pese a las objeciones, Musk se muestra confiado y ha puesto fecha a su apuesta. Afirma que hacia 2028 —dentro de unos 30 a 36 meses— el lugar económicamente más atractivo para alojar IA será el espacio. Va aún más lejos al predecir que, en cinco años, se lanzará cada año más capacidad de IA al espacio que toda la capacidad acumulada en la Tierra hasta ese momento.
El contexto ayuda a entender la magnitud del plan: para 2030 se estima que la capacidad global de centros de datos alcanzará los 200 gigavatios, equivalente a cerca de un billón de dólares de infraestructura si se construye en tierra. En un escenario en el que las grandes tecnológicas invierten cientos de miles de millones de dólares anuales en centros de datos para sostener el auge de la IA, la idea de desviar parte de esa inversión hacia plataformas orbitales se vuelve, al menos, atractiva para un actor como SpaceX, cuyo negocio principal es poner carga en órbita.
La fusión SpaceX–xAI y la expectativa de una próxima salida a bolsa del conglomerado apuntan a que la narrativa de los centros de datos espaciales será central en sus planes de crecimiento y en el interés de los inversores. Aunque aún faltan detalles técnicos y económicos clave, Musk está intentando colocar el espacio como el próximo gran destino para la infraestructura de inteligencia artificial, con implicaciones potenciales para el mercado energético, las telecomunicaciones y la regulación tecnológica a escala global.


