Una startup respaldada por Amazon, Fable, y su fundador Edward Saatchi están intentando recrear con inteligencia artificial los 43 minutos perdidos de “The Magnificent Ambersons”, la legendaria película mutilada de Orson Welles. El proyecto, perfilado en un reportaje del New Yorker, nace de la devoción cinéfila de Saatchi y se apoya en el trabajo previo del cineasta Brian Rose, que ya había intentado reconstruir las escenas mediante animación basada en el guion, fotos y notas de Welles.
Fable filma nuevas escenas de acción real y después planea superponer sobre los actores cuerpos y voces digitales que imitan al reparto original. Sin embargo, los resultados siguen siendo problemáticos: desde errores grotescos —como un Joseph Cotten con dos cabezas— hasta desafíos más sutiles, como reproducir la compleja iluminación de Welles o evitar que la IA haga que los personajes femeninos aparezcan demasiado sonrientes.
El proyecto avanza en medio de dudas legales y éticas. Saatchi reconoció que fue un error anunciar la iniciativa sin consultar antes al legado de Welles ni a Warner Bros., dueña de los derechos. Desde entonces intenta ganarse a ambas partes. Beatrice Welles, hija del director, se declara aún escéptica pero ve respeto en la aproximación del equipo. El actor y biógrafo Simon Callow, amigo de la familia Saatchi, apoya la idea y asesora al grupo.
No todos coinciden. Melissa Galt, hija de la actriz Anne Baxter, rechaza la propuesta por considerar que la nueva versión no sería verdad histórica, sino una reinterpretación ajena al espíritu original. El propio articulista concluye que, en el mejor de los casos, el resultado será una curiosidad: un sueño de lo que la película pudo ser, pero no su recuperación auténtica.
El texto enlaza este intento con críticas más amplias al uso de la IA en el arte. Citando un ensayo del escritor Aaron Bady, compara la IA con vampiros incapaces de crear verdadera obra artística, porque carecen de conciencia de la muerte, la pérdida y los límites humanos que dan sentido al arte. En ese marco, la idea de “deshacer” definitivamente la mutilación de “Ambersons” suena, como mínimo, infantil: un intento tecnológico de negar que ciertas pérdidas —en el cine y en la vida— son irreversibles.


