Databricks ha alcanzado una tasa de ingresos anualizados de 5.400 millones de dólares, un crecimiento del 65% interanual, de los cuales más de 1.400 millones proceden de sus productos de inteligencia artificial. La compañía, conocida por su plataforma de datos en la nube, acaba de cerrar una ronda de financiación de 5.000 millones de dólares que la valora en 134.000 millones, además de asegurar una línea de crédito de 2.000 millones.
Su cofundador y CEO, Ali Ghodsi, quiere demostrar que la IA no está “matando” el SaaS, sino impulsando su uso. Pone como ejemplo Genie, una interfaz basada en modelos de lenguaje (LLM) que permite a cualquier empleado hablar con los datos usando lenguaje natural, en lugar de escribir consultas técnicas. Según Ghodsi, este tipo de herramientas está disparando el uso de su “data warehouse” y muestra cómo las empresas SaaS pueden reinventarse.
El verdadero riesgo para el SaaS, explica, no es que las empresas tiren a la basura sus sistemas de registro (como CRM o ERP), sino que la interfaz se vuelva invisible: si todo se maneja con lenguaje natural o APIs para agentes de IA, los usuarios ya no necesitarán especializarse en herramientas concretas como Salesforce o SAP. Eso debilita una de las mayores ventajas competitivas de estos gigantes.
Para posicionarse en este nuevo escenario, Databricks ha lanzado Lakebase, una base de datos pensada para trabajar con agentes de IA, que en sus primeros ocho meses ha generado el doble de ingresos que su almacén de datos cuando tenía la misma edad. Pese al fuerte crecimiento y la caja abundante, Ghodsi descarta una salida a bolsa a corto plazo: prefiere estar bien capitalizado ante posibles turbulencias económicas como las de 2022, cuando la subida de tipos de interés golpeó a los mercados tecnológicos.


