Sam Altman, CEO de OpenAI, defendió el impacto ambiental de la inteligencia artificial durante un evento organizado por The Indian Express en el marco de una cumbre de IA en India. Aseguró que las críticas sobre el supuesto consumo de grandes cantidades de agua por cada consulta a ChatGPT son “totalmente falsas” y se basan en prácticas antiguas de refrigeración por evaporación en centros de datos que, según él, ya no se utilizan. En cambio, sí reconoció que el consumo total de energía de la IA es un problema real, debido al aumento masivo de su uso en todo el mundo, y sostuvo que esto obliga a acelerar la transición hacia fuentes como la nuclear, la eólica y la solar.
Altman también cuestionó estimaciones populares, como la idea de que cada consulta a ChatGPT equivale a 1,5 cargas de batería de iPhone, y afirmó que “no hay manera” de que el consumo sea tan alto. Criticó que muchos debates sobre energía se centren solo en cuánto cuesta entrenar un modelo de IA frente al coste de una única tarea realizada por un humano. Para ilustrarlo, argumentó que “entrenar” a una persona también implica unos 20 años de vida, toda la comida consumida y la evolución acumulada de miles de millones de seres humanos.
Según Altman, la comparación justa es analizar cuánta energía consume una respuesta de ChatGPT una vez entrenado el modelo frente a la energía que emplea un humano para responder a la misma pregunta, y sostuvo que, en esa métrica, la IA probablemente ya es tan eficiente o más. El debate se produce en un contexto en el que no existe obligación legal para que las tecnológicas detallen su consumo de agua y energía, lo que ha llevado a científicos a estudiarlo de forma independiente, mientras el crecimiento de los centros de datos se vincula al alza de precios eléctricos en distintas regiones.


