Un cambio profundo está sacudiendo a las grandes empresas de software en la nube (SaaS) como Salesforce y Workday: la irrupción de agentes de inteligencia artificial capaces de programar y automatizar tareas enteras está cuestionando su modelo de negocio tradicional.
Un ejemplo simbólico lo dio un fundador que avisó a su inversor de que había reemplazado a todo su equipo de atención al cliente con Claude Code, un agente de IA que escribe y despliega código por sí solo. Para inversores como Lex Zhao (One Way Ventures), esto muestra que, gracias a estas herramientas, crear software a medida es hoy tan barato y sencillo que muchas empresas empiezan a preferir desarrollar internamente antes que pagar licencias a grandes proveedores.
Esta tendencia erosiona el corazón del SaaS: el cobro “por asiento”, es decir, por cada empleado que usa la herramienta. Si uno o pocos agentes de IA pueden hacer el trabajo que antes requería muchos usuarios humanos, ese esquema deja de tener sentido. Además, modelos avanzados como Claude Code o Codex ya pueden replicar tanto las funciones centrales de muchas aplicaciones SaaS como sus extras de pago, restando margen de crecimiento a estos proveedores.
Los clientes, por su parte, han ganado fuerza en la negociación. Si no les gustan los precios, ahora están en mejor posición para construir sus propias alternativas basadas en IA, lo que presiona a la baja los contratos existentes. Ejemplo de ello es Klarna, que en 2024 abandonó el CRM estrella de Salesforce para usar un sistema propio de IA. El mercado ha tomado nota: las acciones de gigantes del software se han desplomado, y varias ventas masivas de inversores han borrado cerca de un billón de dólares en valor bursátil del sector.
Algunos analistas han bautizado este fenómeno como “SaaSpocalipsis” y hablan de FOBO (miedo a quedarse obsoleto) entre los inversores. Cada nuevo lanzamiento de herramientas poderosas de IA, como los productos de Anthropic en ciberseguridad o legal, provoca nuevas caídas en las cotizaciones de empresas de software relacionadas.
A esta presión tecnológica se suma un contexto financiero menos favorable: muchas compañías SaaS crecieron en la era de tipos de interés muy bajos, cuando financiarse era barato y se pagaban múltiplos altos por su promesa de ingresos futuros. Hoy, con el coste del dinero al alza y dudas sobre si en cinco años se seguirá usando SaaS igual que ahora, el mercado revisa a la baja sus expectativas.
Inversores como Abdul Abdirahman (F‑Prime) sostienen que no es el fin del SaaS, sino una transformación profunda: por primera vez se cuestiona el “valor terminal” del software, es decir, cuánto pueden valer estas empresas a muy largo plazo. A la vez, surge una generación de startups “nativas de IA” que diseñan sus productos desde cero en torno a modelos generativos y agentes automáticos, lo que les permite moverse y construir mucho más rápido que los incumbentes.
Estas nuevas compañías están ensayando otros modelos de ingresos, como el pago por consumo (según la cantidad de IA usada, medida en tokens) o el precio basado en resultados (se cobra según la efectividad real del sistema). El propio Bret Taylor, ex CEO de Salesforce, impulsa con su startup Sierra un modelo de agentes de atención al cliente con tarifas ligadas a resultados, y ya ha alcanzado 100 millones de dólares en ingresos recurrentes anuales en menos de dos años.
Mientras tanto, el mercado bursátil de SaaS se enfría y el apetito por nuevas salidas a bolsa del sector prácticamente ha desaparecido. Informes de Crunchbase indican que, aunque el mercado de OPV se reanima en otros ámbitos, no se esperan estrenos relevantes de grandes compañías SaaS respaldadas por capital riesgo a corto plazo. Empresas privadas como Canva o Rippling, junto con firmas medianas, sufren para levantar nuevas rondas y prefieren posponer su salida al parqué por miedo a la volatilidad.
Los focos se desplazan ahora hacia las primeras grandes tecnológicas nativas de IA que podrían debutar en bolsa, con rumores de posibles OPV de OpenAI y Anthropic. Sin embargo, el futuro más probable no es la desaparición del SaaS, sino una convivencia entre modelos tradicionales y nuevas estructuras basadas en IA.
Voces como la de Aaron Holiday (645 Ventures) recuerdan que las grandes organizaciones seguirán necesitando software robusto: cumplimiento normativo, auditorías, gestión de flujos de trabajo y fiabilidad a largo plazo. La verdadera creación de valor, sostiene, no se basará en la moda del momento, sino en empresas capaces de combinar la potencia de la IA con fundamentos sólidos: retención de clientes, márgenes sanos, presupuestos reales y soluciones difíciles de copiar.


