La última investigación económica de Anthropic concluye que, por ahora, la inteligencia artificial no ha provocado una ola significativa de despidos, a pesar de su rápida adopción en el mundo del trabajo. Peter McCrory, jefe de economía de la compañía, explicó en el marco de la cumbre Axios AI en Washington D. C. que no se observa una diferencia material en las tasas de desempleo entre trabajadores altamente expuestos a tareas automatizables por modelos como Claude —por ejemplo, redactores técnicos, personal de entrada de datos o programadores— y quienes realizan labores físicas menos susceptibles de ser sustituidas por IA.
Sin embargo, McCrory advierte que los efectos de desplazamiento podrían aparecer de forma muy rápida, por lo que considera clave establecer marcos de seguimiento y monitoreo para detectar a tiempo cualquier impacto laboral y poder diseñar respuestas de política pública adecuadas. Esta cautela contrasta con las proyecciones más agresivas del CEO de Anthropic, Dario Amodei, quien ha llegado a plantear que la IA podría eliminar hasta la mitad de los empleos de entrada en el sector de cuello blanco y elevar el desempleo hasta el 20 % en cinco años.
El quinto informe de impacto económico de Anthropic señala también un problema emergente: una brecha de habilidades creciente entre los primeros usuarios de Claude y quienes recién empiezan a utilizarlo. Los adoptantes tempranos explotan el modelo de forma más avanzada y estratégica —como socio de pensamiento, para iterar ideas y recibir retroalimentación— mientras que muchos recién llegados se limitan a usos puntuales o superficiales. Esto se traduce en una ventaja competitiva para quienes integran la IA de forma eficaz en su trabajo diario.
Esa ventaja, además, no se distribuye de manera equitativa en el mapa. Según el informe, Claude se utiliza con mayor intensidad en países de altos ingresos, y dentro de Estados Unidos en regiones con alta concentración de trabajadores del conocimiento, así como en un conjunto relativamente reducido de tareas y ocupaciones especializadas. En lugar de actuar como un gran igualador, la adopción actual de la IA podría estar reforzando las ventajas de los segmentos más ricos y tecnológicamente avanzados, ampliando la distancia entre trabajadores altamente capacitados y el resto de la fuerza laboral.
El estudio refuerza la idea de que el reto inmediato no es tanto una destrucción masiva de puestos de trabajo, sino la velocidad con la que se está configurando un mercado laboral más desigual, donde los beneficios de la IA se concentran en quienes tienen mejor acceso, formación y entorno económico para aprovecharla.


