La startup Science Corporation, fundada en 2021 por Max Hodak —ex presidente y cofundador de Neuralink—, se prepara para dar un paso clave en la carrera por las interfaces cerebro‑computadora. La compañía ha fichado como asesor científico a Murat Günel, jefe de Neurocirugía de la Escuela de Medicina de Yale, quien liderará los primeros ensayos en humanos en Estados Unidos de su sensor cerebral biohíbrido.
Science trabaja en un dispositivo que, en su versión futura, combinará neuronas cultivadas en laboratorio con componentes electrónicos para crear un puente más “natural” entre el cerebro y los ordenadores. A diferencia de Neuralink, que inserta electrodos en el tejido cerebral, el sensor de Science se coloca dentro del cráneo pero apoyado sobre la superficie del cerebro, lo que, según la empresa, reduce riesgos y daños en el tejido. El primer estudio en humanos probará solo el sensor avanzado sin neuronas integradas.
La empresa, valorada en 1.500 millones de dólares tras cerrar una ronda Serie C de 230 millones, ya impulsa PRIMA, un implante para restaurar la visión en personas con ceguera por degeneración macular, que avanza en ensayos clínicos y podría obtener pronto aprobación regulatoria en Europa.
El biohíbrido, desarrollado por un equipo de unos 30 investigadores liderados por el cofundador y director científico Alan Mardinly, integra neuronas artificialmente cultivadas que se estimulan mediante pulsos de luz y están diseñadas para conectarse de forma natural con las neuronas del paciente. Un trabajo en 2024 mostró que la versión experimental podía implantarse con seguridad en ratones y activar su actividad cerebral.
Los primeros pacientes humanos serían personas que ya necesitan cirugías cerebrales complejas, como algunos casos de ictus que requieren retirar parte del cráneo para aliviar la presión. En esas operaciones, el equipo planea colocar sobre la corteza un sensor del tamaño de un guisante, con 520 electrodos, para evaluar su capacidad de registrar y, en el futuro, estimular la actividad neuronal. Science sostiene que no buscará aprobación previa de la FDA para estos ensayos al considerar que el riesgo añadido es mínimo.
Si la tecnología funciona, podría aplicarse a múltiples trastornos neurológicos: desde estimular suavemente áreas dañadas del cerebro o la médula espinal para favorecer la recuperación, hasta vigilar la actividad cerebral de pacientes con tumores y avisar de posibles crisis epilépticas. A más largo plazo, Günel ve potencial para enfermedades como el Parkinson, donde combinar células trasplantadas con estimulación electrónica podría, en teoría, frenar la progresión de la enfermedad, algo que los tratamientos actuales aún no logran.
Pese al entusiasmo, el propio Günel admite que es “optimista” pensar que los primeros ensayos en humanos arranquen antes de 2027. Mientras tanto, Science intenta consolidar su enfoque biohíbrido como una alternativa más orgánica y duradera a los electrodos metálicos tradicionales, en una carrera que mezcla medicina, neurociencia avanzada y el sueño de ampliar las capacidades humanas.


