Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, afronta en un tribunal federal de California un interrogatorio exhaustivo que busca cuestionar su credibilidad y su control sobre la compañía de inteligencia artificial. Los abogados de Elon Musk, que intenta frenar el negocio con fines de lucro de OpenAI, se centran en si Altman fue transparente sobre sus intereses económicos en la empresa, especialmente cuando declaró ante el Senado de Estados Unidos en 2023 que no tenía acciones de OpenAI. En el juicio, se ha revelado que sí tiene exposición económica a través de un fondo de Y Combinator, algo que entonces no mencionó.
El abogado de Musk, Steve Molo, ha presentado una lista de figuras clave —como los exmiembros del consejo Helen Toner y Tasha McCauley, el propio Musk y el cofundador Ilya Sutskever— que han acusado a Altman de mentir o de ser poco sincero, apoyándose también en un reportaje reciente de The New Yorker que cuestiona su honestidad. Un episodio central del caso es el ‘blip’ de 2023, cuando el consejo de OpenAI destituyó brevemente a Altman y apartó a Greg Brockman por falta de franqueza, y McCauley describió una “cultura tóxica de mentiras” en la organización.
Sin embargo, los testigos llamados por OpenAI y Microsoft ofrecen una imagen opuesta. El CEO de Microsoft, Satya Nadella, calificó el despido de Altman como algo propio de “aficionados”, mientras que Bret Taylor, presidente del consejo desde su regreso, asegura no haber encontrado motivos para mantener su destitución y lo describe como “franco” con él. Otro consejero, el experto en seguridad de IA Zeko Kolter, afirma que nadie ha interferido en su labor desde 2024.
El trasfondo del juicio va más allá de la figura de Altman: la jueza Yvonne Gonzalez Rogers y el jurado deben decidir si la estructura híbrida de OpenAI —una entidad sin ánimo de lucro que controla un brazo con fines de lucro— funciona realmente como se prometió. Para los abogados de Musk, el hecho de que el consejo tuviera que readmitir a Altman ante el riesgo de fuga masiva de empleados demuestra que el poder real reside en el CEO, no en el consejo. Altman, por su parte, insiste en que es “un empresario honesto y digno de confianza” y no tiene intención de despedirse a sí mismo como director ejecutivo.


