Nueve jurados en California deliberan sobre una demanda de Elon Musk que podría redefinir, e incluso desmantelar, el modelo de negocio de OpenAI. Musk acusa a sus cofundadores Sam Altman y Greg Brockman, así como a Microsoft, de haber traicionado la misión original sin ánimo de lucro con la que él financió el laboratorio de inteligencia artificial.
La causa gira en torno a tres puntos legales principales: violación de confianza caritativa, enriquecimiento injusto y ayuda y encubrimiento de esa violación por parte de Microsoft. Los abogados de Musk sostienen que sus donaciones estaban destinadas a una organización benéfica que garantizaría que la IA beneficiara a la humanidad y no quedara bajo el control de una sola corporación. Señalan el acuerdo de 10.000 millones de dólares de Microsoft con el brazo con fines de lucro de OpenAI en 2023 como el momento en que esa misión habría sido sacrificada a favor del lucro de inversores y directivos.
La defensa replica que nunca hubo condiciones específicas sobre el uso de las donaciones de Musk, que todos sabían que habría que recurrir a financiación privada y que el propio Musk intentó crear y controlar un vehículo con fines de lucro vinculado a OpenAI, e incluso fusionarlo con Tesla. Un perito contable presentado por OpenAI declaró que todo el dinero de Musk se gastó antes de agosto de 2021, fechas clave para la prescripción de la demanda, lo que debilitaría la acusación de haber desviado esos fondos. OpenAI añade que su filial con ánimo de lucro sigue sirviendo a la misión original y ha generado cerca de 200.000 millones de dólares en valor teórico para sostener a la fundación, citando la oferta gratuita de ChatGPT como ejemplo de beneficio público.
En el cargo de enriquecimiento injusto, Musk apunta a las enormes valoraciones de las participaciones de fundadores como Brockman e Ilya Sutskever, y de Microsoft, y afirma que la estructura actual dejó a la fundación casi inactiva, sin personal a tiempo completo ni control real sobre la filial comercial. OpenAI responde que las participaciones en acciones llegaron años después de que Musk saliera de la organización en 2018 y que la posibilidad de retribuir a investigadores con equity era clave para atraer talento y avanzar hacia la IA general, incluyendo trabajos de seguridad.
Respecto a Microsoft, la acusación se centra en el episodio de 2023 conocido como “el blip”, cuando Altman fue destituido por el consejo sin ánimo de lucro y readmitido días después. Musk alega que el CEO de Microsoft, Satya Nadella, intervino directamente para restaurar a Altman y reconfigurar el consejo, y que un acuerdo comercial que daba a Microsoft poder de veto sobre grandes decisiones empujó a OpenAI lejos de su misión benéfica. Microsoft sostiene que nunca conoció condiciones especiales sobre las donaciones de Musk, que no ejerció el veto y que su inversión y potencia de cómputo hicieron posibles los avances de OpenAI.
OpenAI también se apoya en tres defensas procesales: prescripción, retraso injustificado y la doctrina de “manos sucias”. Argumenta que Musk pudo conocer desde 2018 la estructura de OpenAI y sus acuerdos con Microsoft, pero no demandó hasta 2024, cuando el éxito de ChatGPT disparó el negocio de la IA. Apuntan a antiguos correos, publicaciones y críticas públicas de Musk, así como al hecho de que su asesora Shivon Zilis, a la vez miembro del consejo de OpenAI, votó a favor de esos acuerdos. Además, sostienen que Musk planeaba proyectos de IA competidores mientras presidía OpenAI y que llegó a retener donaciones para intentar ganar control sobre el futuro brazo con ánimo de lucro, lo que, según la defensa, invalida su postura moral en el pleito.
Si Musk gana, el fallo podría forzar cambios profundos en la estructura de OpenAI e incluso poner fin a su filial con fines de lucro, aunque las consecuencias exactas aún son inciertas y se debatirán en audiencias posteriores. Si el jurado rechaza las reclamaciones, el caso quedará cerrado sin alterar el actual equilibrio de poder entre Musk, OpenAI y Microsoft, en un momento en que el desarrollo de la inteligencia artificial tiene implicaciones económicas, políticas y sociales globales.


