La inteligencia artificial generativa está encontrando en el sector legal uno de sus negocios más prometedores. Tras el éxito de los modelos de lenguaje en la escritura de código, compañías como Clio, Harvey y Legora demuestran que los despachos de abogados son el siguiente gran mercado para esta tecnología.
Clio, firma canadiense de software de gestión para bufetes, ha visto cómo su crecimiento se disparaba desde que integró funciones de IA en 2023. La empresa superó los 200 millones de dólares en ingresos recurrentes anuales (ARR) a mediados de 2024, duplicó esa cifra a finales de año y acaba de anunciar que ha alcanzado los 500 millones, con una valoración de unos 5.000 millones tras su última ronda de financiación. Su compra por 1.000 millones de la plataforma de datos jurídicos vLex le permite ahora ofrecer también herramientas de investigación legal basadas en IA.
El boom no se limita a Clio. Harvey, startup especializada en LLM para despachos, llegó a 190 millones de ARR a finales de 2025, mientras que su rival Legora alcanzó los 100 millones solo 18 meses después de lanzar su plataforma. Estos crecimientos refuerzan la idea de que la gran cantidad de contratos, acuerdos y documentación jurídica que manejan los bufetes es un material ideal para entrenar y aplicar modelos de lenguaje capaces de automatizar tareas intensivas en tiempo, como la revisión de documentos y la redacción de borradores.
A este escenario se suma Anthropic, que esta semana anunció nuevas funciones específicas para el sector legal y la ampliación de Claude for Legal, su solución para abogados que ya había sacudido a las empresas de legal tech cuando se presentó a comienzos de año. La situación genera un equilibrio incómodo: Harvey y Legora utilizan Claude como uno de sus modelos de base, pero ahora compiten también con su propio proveedor.
Pese a las dudas sobre cómo algunas firmas calculan su ARR, los movimientos de inversión, las adquisiciones y la entrada de grandes actores de IA general apuntan a un mercado legal en plena transformación, donde la automatización y el análisis inteligente de documentos podrían redefinir la forma de trabajar de abogados y despachos en los próximos años.


