Google anunció en su conferencia I/O 2026 el mayor cambio de su buscador en más de 25 años: una versión centrada en la inteligencia artificial generativa y la conversación. A partir de ahora, los usuarios podrán elegir un “modo IA” desde el inicio y ver con más frecuencia los llamados AI Overviews, resúmenes generados por IA que incorporan un chat para hacer preguntas de seguimiento, convirtiendo la experiencia de búsqueda en algo muy parecido a usar ChatGPT.
Sin embargo, el giro no entusiasma a todo el mundo. Tras los errores sonados de los AI Overviews —como sugerir mirar directamente al sol—, muchos usuarios ven este cambio como otro intento de imponer chatbots en todos los rincones de internet. En los comentarios al vídeo oficial de Google no faltan críticas, e incluso hay quienes lo interpretan como el mejor anuncio para abandonar el buscador de siempre.
El rechazo se suma a un contexto complicado para Google, que en 2024 perdió un importante caso antimonopolio en EE. UU. por mantener ilegalmente su dominio en las búsquedas online. Ante la combinación de saturación con la IA, cansancio por la publicidad y preocupación por el monopolio, gana fuerza el interés por alternativas.
El artículo repasa varias opciones. Kagi, de pago y sin anuncios, ofrece resultados personalizables y una función de respuesta rápida con IA que se puede desactivar por completo. DuckDuckGo apuesta por la privacidad: muestra anuncios, pero sin rastrear el historial personal, y permite desconectar todas las funciones de IA. Startpage actúa como un intermediario que consulta Google sin revelar los datos del usuario, conservando la calidad de los resultados pero con más privacidad y la posibilidad de apagar la IA.
Otras alternativas buscan simplificar o reorientar la experiencia. &udm=14 automatiza un truco técnico para obtener resultados de Google sin AI Overviews, aunque con menos garantías de privacidad. Brave combina navegador y buscador, permite usar extensiones de Chrome y ofrece “Goggles” para filtrar resultados según enfoques específicos —desde medios de derechas o de izquierdas hasta evitar Pinterest—, todo con IA desactivable. Por último, Ecosia, también con navegador propio basado en Chromium, financia proyectos de reforestación con sus ingresos publicitarios y publica informes financieros para demostrar el impacto ambiental. El trasfondo común: una parte creciente de los usuarios busca recuperar control, privacidad y simplicidad frente a una web cada vez más dominada por la IA y la publicidad.


