La Comisión Europea ha abierto una investigación formal contra Google para determinar si ha vulnerado las normas de competencia de la UE al usar contenidos de webs y vídeos de YouTube para generar sus respuestas de inteligencia artificial sin compensar a los creadores ni darles una opción real de excluirse.
El expediente se centra en dos productos clave: AI Overviews y AI Mode, funciones que muestran respuestas generadas por IA por encima de los resultados tradicionales de búsqueda. Bruselas sospecha que Google se está beneficiando de su posición dominante en el buscador para alimentar estos sistemas con contenidos de terceros sin pagar por ellos, y que impone condiciones abusivas a medios, editores y creadores.
Según la Comisión, muchos editores no pueden negarse a que Google use su contenido sin arriesgarse a perder tráfico de búsqueda, y los creadores que suben vídeos a YouTube tampoco tienen margen para impedir que esos datos se utilicen en los sistemas de IA de la propia compañía. A la vez, Google restringe el acceso de empresas rivales de IA a los contenidos de YouTube, lo que podría otorgarle una ventaja desleal frente a otros competidores del sector.
Google sostiene que la queja amenaza con frenar la innovación en un mercado “más competitivo que nunca” y afirma que seguirá colaborando con la industria de los medios y creativos en su transición hacia la era de la IA.
Esta investigación se suma a un contexto de fuerte tensión global entre creadores y empresas de IA: varios medios y plataformas, entre ellos The New York Times, Chicago Tribune, News Corp, New York Post, Merriam-Webster, Nikkei y Reddit, han demandado a la empresa Perplexity y a otros desarrolladores de IA por presunta infracción de derechos de autor, buscando forzar acuerdos de licencia. A diferencia de estos litigios, la UE se centra principalmente en garantizar una competencia más justa frente a Google, que según diversos informes habría entrenado sus modelos con una parte mucho mayor de internet que sus rivales.
Todo esto ocurre mientras la UE, criticada por la complejidad y dureza de su regulación sobre la inteligencia artificial, estudia simplificar y retrasar la aplicación de algunas de sus normas, especialmente en usos de alto riesgo, en un delicado equilibrio entre proteger a los ciudadanos, defender la competencia y no frenar el desarrollo tecnológico.


