El cofundador de True Ventures, Jon Callaghan, está convencido de que en menos de una década dejaremos de usar el smartphone como centro de nuestra vida digital y que nuevas interfaces tomarán el relevo. Su firma de capital riesgo, con unos 6.000 millones de dólares bajo gestión y un historial de éxitos como Fitbit, Ring, Peloton, HashiCorp o Duo Security, lleva años invirtiendo en formas alternativas de interacción entre humanos y tecnología.
Callaghan sostiene que el móvil es un mal intermediario entre las personas y la inteligencia artificial: es lento, disruptivo y propenso a errores para tareas tan básicas como enviar mensajes o tomar notas. Por eso True Ventures está apostando por dispositivos y software que permitan una relación más natural y continua con la tecnología.
El ejemplo más reciente es Sandbar, una startup fundada por Mina Fahmi y Kirak Hong, exingenieros de CTRL‑Labs (empresa de interfaces neurales adquirida por Meta). Su producto estrella es un anillo inteligente, Stream, que se lleva en el dedo índice y funciona como un “compañero de pensamiento”: permite grabar notas de voz en el momento en que surge una idea y organizarlas con ayuda de IA. A diferencia de otros wearables, no pretende hacerlo todo, sino resolver de manera muy específica la necesidad de capturar y estructurar ideas sin sacar el teléfono del bolsillo.
Para Callaghan, lo importante no es el gadget en sí, sino el comportamiento que habilita, igual que ocurrió con Peloton: la clave no era la bicicleta, sino el hábito y la comunidad que generaba. Esta filosofía le permite mantener disciplina de capital en plena fiebre de la IA: True sigue centrada en rondas semilla de entre 3 y 6 millones de dólares, con participaciones del 15%-20%, en lugar de perseguir megarrondas multimillonarias.
Aunque Callaghan reconoce la magnitud de la ola de cómputo que impulsa la IA y no descarta que OpenAI alcance una valoración del billón de dólares, muestra cautela ante el enorme gasto de capital en centros de datos y chips por parte de los grandes proveedores de nube. Cree que la mayor creación de valor vendrá en la capa de aplicaciones, donde nuevas interfaces —como anillos, relojes o dispositivos de voz— cambiarán cómo interactuamos con la inteligencia artificial.
En un mercado de smartphones prácticamente saturado, con crecimientos cercanos al 2%, el auge de los wearables de doble dígito respalda su tesis: algo está cambiando en la forma en que queremos relacionarnos con la tecnología. Con 63 salidas con retorno positivo, siete salidas a bolsa y una red de fundadores recurrentes, True Ventures se posiciona para ese escenario en el que, según Callaghan, “ser temprano es precisamente el objetivo”.


