La startup Mercor, con apenas tres años de vida, se ha convertido en un intermediario clave en la carrera por los datos de la inteligencia artificial, alcanzando una valoración de 10.000 millones de dólares tras una ronda Serie C de 350 millones. Su modelo de negocio conecta grandes laboratorios de IA como OpenAI y Anthropic con profesionales de alto nivel procedentes de firmas como Goldman Sachs, McKinsey y grandes despachos de abogados. Estos expertos cobran hasta 200 dólares por hora para aportar su experiencia y ayudar a entrenar modelos de IA que, en el futuro, podrían automatizar parte del trabajo de sus antiguos empleadores.
En una conversación durante la conferencia Disrupt, el CEO Brendan Foody explicó por qué los laboratorios de IA prefieren contratistas altamente cualificados frente al trabajo masivo y poco especializado, y cómo los problemas de Scale AI abrieron una oportunidad para el rápido crecimiento de Mercor. Según Foody, el 10‑20% de los mejores contratistas son responsables de la mayor parte de la mejora de los modelos, por lo que la clave está en identificarlos y atraerlos.
Foody también abordó la delicada frontera entre el conocimiento profesional legítimo y los secretos corporativos, una cuestión que podría preocupar a bancos de inversión como Goldman Sachs si parte de su saber hacer termina encapsulado en agentes de IA. El directivo sostiene que, a largo plazo, gran parte del trabajo de conocimiento terminará convirtiéndose en datos de entrenamiento para estos sistemas.
La entrevista completa, donde se detalla la trayectoria de Foody desde sus inicios asesorando sobre créditos de AWS en el instituto hasta liderar una compañía valorada en 10.000 millones, está disponible en el pódcast Equity de TechCrunch, accesible en YouTube, Apple Podcasts, Overcast, Spotify y otras plataformas, así como en sus cuentas en X y Threads.


