Microsoft ha anunciado un nuevo plan de expansión de infraestructura de inteligencia artificial acompañado de un compromiso de “comunidad primero” para intentar calmar el creciente rechazo a los centros de datos en Estados Unidos. La compañía asegura que pagará íntegramente el coste real de la electricidad que consuman sus instalaciones, negociando con eléctricas y reguladores estatales para que ese gasto no se traslade a las facturas domésticas. También promete crear empleo local y reducir al mínimo el uso de agua, uno de los puntos más polémicos por el impacto de los centros de datos en acuíferos y ecosistemas.
El giro llega tras un año de fuerte contestación social: se contabilizan más de 140 grupos activistas en 24 estados movilizados contra estos proyectos. Microsoft ya tuvo que cancelar un centro de datos en Caledonia (Wisconsin) por la oposición vecinal y encara protestas en otros lugares como Michigan y Ohio, donde sus planes han sido criticados por su huella climática. La presión ha escalado hasta la Casa Blanca: Donald Trump, que impulsa un gran despliegue de IA, aseguró esta semana que Microsoft hará “cambios importantes” para que los estadounidenses no acaben “pagando la cuenta” del consumo eléctrico de estos centros.
Con este paquete de promesas —empleo, protección ambiental y contención de tarifas— Microsoft intenta frenar una ola de desconfianza hacia la infraestructura que sostiene la IA. Por ahora, el compromiso es político y comunicativo: habrá que ver si los acuerdos concretos sobre tarifas, agua y puestos de trabajo cumplen las expectativas de las comunidades afectadas o si el rechazo ciudadano continúa creciendo.


