Las principales empresas de inteligencia artificial están entrando de lleno en el sector sanitario. En cuestión de días, OpenAI ha comprado la startup de historiales médicos Torch por unos 100 millones de dólares, Anthropic ha lanzado Claude para salud, y MergeLabs —una compañía de interfaz cerebro-computadora respaldada por Sam Altman— ha cerrado una ronda semilla de 250 millones de dólares con una valoración de 850 millones. Paralelamente, el auge de la IA de voz, con startups como ElevenLabs, está impulsando nuevas aplicaciones médicas y de atención al paciente.
Sin embargo, este rápido desembarco en la sanidad viene acompañado de serias preocupaciones: riesgo de alucinaciones en los modelos, información médica incorrecta que podría afectar diagnósticos o tratamientos y grandes vulnerabilidades de seguridad al manejar datos clínicos extremadamente sensibles. El pódcast Equity, de TechCrunch, analiza por qué la industria de la IA se ha obsesionado de repente con la salud, qué otros productos podrían recibir un “lavado de cara” con IA y cómo estos cambios podrían transformar —o poner en riesgo— el futuro de la atención médica.


