En 2025, la industria estadounidense de semiconductores vivió un año marcado por la geopolítica, el auge de la IA y grandes movimientos empresariales, con Nvidia e Intel en el centro del tablero.
El año arrancó con el foco puesto en los controles de exportación de chips de IA. En enero, Joe Biden dejó aprobado un marco de restricciones por países para la venta de chips avanzados al extranjero, especialmente a China. A lo largo del año, figuras clave del sector como Dario Amodei (Anthropic) defendieron endurecer esos controles, mientras que empresas como Nvidia presionaban para suavizarlos. El resultado fue una montaña rusa regulatoria: propuestas de normas (como la “AI Diffusion Rule” de Biden) que luego fueron retiradas o replanteadas por la administración Trump, licencias especiales para vender chips a China y cambios de criterio de un mes a otro.
China respondió con firmeza. En mayo amenazó con acciones legales por las restricciones ligadas a los chips de Huawei y, ya en septiembre, prohibió a sus grandes tecnológicas comprar chips de Nvidia, además de acusar a la compañía de violar sus normas antimonopolio por la compra de Mellanox. Paralelamente, países como Malasia empezaron a reforzar sus propios controles para evitar el contrabando de chips estadounidenses.
Nvidia, pese a los golpes, vivió un boom financiero. En agosto y noviembre reportó ventas récord, impulsadas sobre todo por su negocio de centros de datos. La compañía asumió miles de millones de dólares en cargos por las nuevas licencias de exportación de su chip H20, y en junio anunció que dejaría de desglosar en sus previsiones el negocio en China ante tanta incertidumbre regulatoria. Al final del año, cerró un gran acuerdo de licencia con Groq: no compró directamente la empresa, pero se quedó con su fundador, parte del equipo y activos valorados en 20.000 millones de dólares, reforzando así su posición en chips de IA.
AMD aprovechó el momento para intentar recortar distancia con Nvidia. A lo largo de 2025 compró varias empresas especializadas: la startup de fotónica de silicio Enosemi, el equipo de Untether AI —centrado en chips de inferencia— y la compañía de software Brium, que ayuda a adaptar aplicaciones de IA a distintos tipos de hardware. Con ello, buscó ofrecer una alternativa más completa en hardware y software frente al ecosistema dominado por Nvidia.
Intel, por su parte, vivió una profunda reestructuración interna y un fuerte acercamiento al gobierno de EE.UU. En marzo nombró como CEO a Lip-Bu Tan, que prometió devolver el foco a la ingeniería. Desde abril anunció que desinvertiría en unidades no esenciales, explorando la venta de su negocio de redes y edge. Estos planes se tradujeron en grandes recortes de plantilla: primero el anuncio de más de 21.000 despidos, después la reducción de hasta un 20% de los trabajadores de Intel Foundry. Intel también frenó proyectos clave, como la planta de chips de Ohio, retrasada ahora hasta 2030-2031, y canceló inversiones de fabricación en Alemania y Polonia.
Al mismo tiempo, Intel reforzó sus alianzas y su relación con el Estado. En agosto, el gobierno de EE.UU. convirtió subvenciones ya concedidas en una participación del 10% en la compañía, con condiciones que penalizarían a Intel si redujera su control sobre el negocio de fundición. Ese mismo mes, SoftBank invirtió 2.000 millones de dólares en Intel, en una operación que Masayoshi Son calificó de estratégica. En paralelo, Intel exploró un posible acuerdo con TSMC para gestionar conjuntamente fábricas de chips, un movimiento que anticipa futuras alianzas en el sector.
La política estadounidense tuvo un peso decisivo durante todo el año. Los senadores Elizabeth Warren y Josh Hawley pidieron endurecer aún más las restricciones a la exportación de chips de IA, tras revelarse que los chips H20 de Nvidia se usaron para entrenar el modelo de razonamiento R1 de la china DeepSeek, lanzado en enero y visto en Silicon Valley como una amenaza competitiva. En verano, la administración Trump presentó un Plan de Acción para la IA, centrado en reforzar los controles de exportación y la coordinación con aliados, aunque sin muchos detalles concretos.
Donald Trump también convirtió los semiconductores en herramienta de presión política y económica. Anunció su intención de imponer aranceles al sector y, a lo largo del año, fue perfilando una estrategia para obligar a las empresas a producir más chips dentro de EE.UU., amenazando con tarifas a quienes no equilibren su producción doméstica e internacional. El presidente usó además su altavoz político para presionar directamente a ejecutivos clave: exigió públicamente la dimisión del CEO de Intel por supuestos conflictos de interés y, según diversos reportes, se reunió con el CEO de Nvidia, Jensen Huang, en Mar-a-Lago, en un contexto de negociaciones sobre exportaciones y posibles inversiones en centros de datos de IA en territorio estadounidense.
En el plano internacional, la guerra de los chips se extendió más allá de China. Un macroacuerdo con Emiratos Árabes Unidos para la compra de miles de millones en chips de Nvidia quedó en suspenso por preocupaciones de seguridad nacional y el temor a que esos chips acabaran reexportándose a China. A la vez, Washington ató la flexibilización de las ventas de chips de IA a Pekín a otras negociaciones estratégicas, por ejemplo en torno a tierras raras.
En medio de este torbellino, la innovación no se detuvo. Intel presentó Panther Lake, un nuevo procesador basado en su proceso de 18A que se fabricará en su planta de Arizona, paso importante para recuperar competitividad tecnológica. Nvidia, AMD y otros actores siguieron lanzando productos y cerrando acuerdos, mientras el mercado registraba cifras récord impulsadas por la demanda de computación para IA.
En resumen, 2025 fue el año en que la industria de semiconductores de EE.UU. dejó de ser un asunto puramente tecnológico para convertirse en un frente estratégico de primera línea: disputa geopolítica con China, intervención directa del gobierno en las empresas, reconfiguración del mapa industrial y una carrera acelerada por controlar los chips que alimentan la próxima generación de inteligencia artificial.


