El Foro Económico Mundial de Davos de este año se pareció más que nunca a una gran conferencia tecnológica. Los espacios más visibles del paseo principal fueron tomados por gigantes como Meta, Salesforce, Tata, varias delegaciones de Oriente Medio y un imponente ‘USA House’ patrocinado por McKinsey y Microsoft, mientras debates clásicos del foro —como clima, pobreza o grandes desafíos globales— quedaban en segundo plano y con menos público.
En escena desfilaron algunos de los nombres más poderosos del sector: Elon Musk (Tesla), Jensen Huang (Nvidia), Dario Amodei (Anthropic) y Satya Nadella (Microsoft), entre otros. Todos giraron en torno al mismo tema: la inteligencia artificial. Defendieron su potencial transformador, pero también dejaron ver el miedo a que todo sea una enorme burbuja si no se dispara su uso.
La conversación más polémica vino del CEO de Anthropic, Dario Amodei, que criticó duramente la decisión del gobierno de Trump de permitir a Nvidia exportar chips avanzados a China. Argumentó que enviar ese hardware equivale a entregar a otro país algo tan potente como “un país lleno de genios” en forma de centros de datos de IA, mezclando así tecnología, geopolítica y seguridad nacional.
Al mismo tiempo, los ejecutivos aprovecharon para marcar distancias entre sí. Amodei cargó contra Nvidia pese a ser uno de sus grandes clientes de GPU, y se percibió una rivalidad mucho más abierta de lo habitual. Satya Nadella habló de los centros de datos como “fábricas de tokens” y dejó claro que, si la IA no se usa de forma masiva y global, el sector podría convertirse en una burbuja que estalle. Subrayó la necesidad de extender la IA a todo tipo de comunidades y no concentrarla solo en los países ricos.
Jensen Huang, por su parte, insistió en que el mundo aún no está invirtiendo lo suficiente en infraestructuras de IA y defendió estas inversiones como motor de creación de empleo, sin entrar demasiado en el debate sobre qué ocurrirá cuando el frenético ritmo de construcción de centros de datos se frene.
La gran novedad de esta edición de Davos fue ver a tantos líderes de la IA juntos, coincidiendo en el mismo foro y lanzándose pullas en directo. La escena evidenció dos tensiones clave: la lucha feroz por el liderazgo tecnológico y el talento, y la forma en que la IA se ha convertido en el punto de encuentro —y de fricción— entre negocios, política internacional y regulación futura.


