Las matrículas en informática tradicional están cayendo en las universidades públicas de California por primera vez desde el estallido de la burbuja puntocom: el sistema de la Universidad de California registró un descenso del 6% este año, tras un 3% menos en 2024, incluso mientras la inscripción universitaria nacional sube un 2%. La excepción es UC San Diego, que estrenó un grado específico en inteligencia artificial y sí logró crecer.
Lejos de significar un rechazo a la tecnología, los datos apuntan a un cambio de foco: los estudiantes están dejando los grados generales de ciencias de la computación para apostar por programas especializados en IA. En China esa transición va mucho más avanzada: universidades como Zhejiang han hecho obligatorios los cursos de IA y centros de élite como Tsinghua han creado colegios interdisciplinarios centrados en inteligencia artificial. Allí, usar herramientas de IA a diario ya es la norma entre estudiantes y profesorado.
Las universidades estadounidenses intentan ponerse al día. MIT ha convertido su carrera de “IA y toma de decisiones” en la segunda más grande del campus; la Universidad del Sur de Florida ha abierto un colegio de IA y ciberseguridad con más de 3.000 alumnos; y la Universidad de Buffalo lanzó un departamento de “IA y sociedad” con siete nuevos grados. Otras instituciones como la Universidad del Sur de California, Columbia, Pace y la Universidad Estatal de Nuevo México preparan sus propias titulaciones en IA.
El ajuste no es sencillo. En centros como la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, parte del profesorado adopta la IA y otra parte se resiste, incluso cuando la dirección impulsa fusiones de escuelas y nuevos cargos específicos para acelerar la integración de estas tecnologías. A la vez, muchos padres desaconsejan ahora la informática clásica y empujan a sus hijos hacia ingenierías que perciben como menos expuestas a la automatización por IA.
Una encuesta de la Computing Research Association indica que el 62% de los departamentos de computación en EE. UU. vieron caer sus matrículas este otoño. Sin embargo, el auge paralelo de programas de IA sugiere que no se trata de un éxodo de la tecnología, sino de una migración hacia estudios más alineados con el impacto real de la inteligencia artificial. El desenlace aún es incierto, pero el mensaje para las universidades es claro: quien no adapte su oferta académica a la era de la IA corre el riesgo de perder a sus estudiantes frente a quienes ya lo están haciendo.


