En menos de dos meses de 2026, el apetito inversor por la inteligencia artificial en Estados Unidos demuestra que el boom del sector sigue lejos de enfriarse. Casi 20 startups de IA con sede en EE. UU. han logrado rondas de financiación de 100 millones de dólares o más, encadenando valoraciones multimillonarias y consolidando a la IA como el gran imán de capital de riesgo.
El caso más llamativo es Anthropic, que cerró una Serie G de 30.000 millones de dólares que eleva su valoración a 380.000 millones, reflejando la confianza de grandes fondos como Founders Fund, Coatue y Nvidia en los modelos fundacionales. En el otro extremo, rondas semilla masivas muestran hasta qué punto los inversores están dispuestos a apostar temprano: el laboratorio humans& levantó 480 millones de dólares desde el inicio, y Flapping Airplanes o Inferact también aseguraron rondas iniciales de 150 a 180 millones con valoraciones cercanas o superiores a los 1.000 millones.
El dinero se reparte por todo el ecosistema: desde infraestructuras de cómputo (PaleBlueDot AI, Baseten, Inferact) y plataformas para evaluar modelos (Arena), hasta aplicaciones específicas como la voz sintética (ElevenLabs, Deepgram), la generación de vídeo (Runway), robots impulsados por IA (SkildAI) o asistentes médicos (OpenEvidence). Fondos globales como Sequoia, Andreessen Horowitz, SoftBank, Fidelity, Nvidia y grandes ‘family offices’ participan en muchas de estas operaciones, a menudo a valoraciones de unicornio o ‘decacorn’.
También emergen nuevos actores de investigación aplicada como Simile, Goodfire y Fundamental, que levantan rondas de 100 a 255 millones de dólares con valoraciones de más de 1.000 millones, mientras que xAI, la firma de Elon Musk, abrió el año con una Serie E de 20.000 millones y poco después fue adquirida por SpaceX, en una jugada que refuerza la integración entre capacidades espaciales y centros de datos de IA.
Aunque aún es pronto para saber si 2026 igualará o superará los más de 76.000 millones de dólares en megarondas registrados en 2025, el arranque del año sugiere que la burbuja —o la apuesta estratégica, según se mire— sigue inflándose: grandes cantidades de capital barato se concentran en un puñado de laboratorios y plataformas, configurando una carrera a gran escala por dominar la próxima generación de modelos de IA.


