Tres exingenieros de SpaceX —Travis Brashears, Cameron Ramos y Serena Grown-Haeberli— han fundado en Los Ángeles la startup Mesh Optical Technologies, que acaba de cerrar una ronda Serie A de 50 millones de dólares liderada por Thrive Capital. Su objetivo es industrializar la producción de transceptores ópticos, dispositivos que convierten señales ópticas en eléctricas y que resultan esenciales para conectar a gran velocidad las GPU en los centros de datos dedicados a entrenar grandes modelos de IA.
Los fundadores detectaron el hueco de mercado mientras diseñaban una nueva generación de satélites de SpaceX con grandes necesidades de cómputo y vieron las limitaciones de la oferta actual de transceptores. Hoy el sector está dominado por proveedores chinos y algunos actores estadounidenses como AOI, que el año pasado firmó un contrato de 4.000 millones de dólares con AWS. Mesh quiere ganar terreno con una cadena de suministro fuera de China, anticipando posibles tensiones geopolíticas y de seguridad nacional.
La compañía aspira a fabricar mil unidades diarias antes de que acabe el año para poder optar a grandes contratos en 2027 y 2028. Su diseño actual elimina un componente habitual pero muy consumidor de energía, lo que, según Ramos, puede reducir entre un 3 % y un 5 % el consumo energético de grandes clústeres de GPU, un ahorro relevante para los gigantes de la nube. El gran reto será implantar procesos de fabricación totalmente automatizados en Estados Unidos, una capacidad hoy muy concentrada en China.
Más allá de los centros de datos, Mesh ve en las comunicaciones ópticas por longitud de onda el siguiente gran paradigma, capaz de conectar no solo ordenadores, sino todo tipo de dispositivos. “Queremos estar en el punto de inflexión del paso de las radiofrecuencias a la fotónica”, resume Brashears, convencido de que una infraestructura óptica soberana será crítica para seguir escalando la IA.


