OpenAI detectó y bloqueó meses antes de la masacre de Tumbler Ridge, en Canadá, conversaciones inquietantes sobre violencia armada del presunto autor del tiroteo, la joven de 18 años Jesse Van Rootselaar. Según el Wall Street Journal, las interacciones con ChatGPT fueron marcadas por los sistemas internos de la empresa y su cuenta fue vetada en junio de 2025. Dentro de la compañía se debatió si avisar o no a las autoridades canadienses, pero finalmente se decidió que el caso no cumplía los criterios para notificar a la policía. OpenAI solo se puso en contacto con la Real Policía Montada de Canadá después del ataque, en el que murieron ocho personas.
El rastro digital de Van Rootselaar incluía otras señales perturbadoras: habría creado en Roblox un juego que simulaba un tiroteo masivo en un centro comercial, y publicaba sobre armas en Reddit. Su inestabilidad también era conocida por la policía local, que ya había acudido a su domicilio tras un incidente en el que provocó un incendio bajo los efectos de drogas no especificadas.
El caso reaviva el debate sobre la responsabilidad de las tecnológicas en la prevención de tragedias y los límites de la vigilancia preventiva. Los grandes chatbots de IA, como los de OpenAI y otros competidores, ya enfrentan múltiples demandas en Estados Unidos por supuestamente haber contribuido a crisis mentales y suicidios de usuarios, al ofrecer mensajes o consejos que habrían alentado la autolesión. OpenAI sostiene que aplica filtros y criterios estrictos para decidir cuándo alertar a las autoridades, pero este caso plantea si esos protocolos son suficientes para anticipar riesgos extremos.


