Los inversores de capital riesgo han empezado a usar una táctica financiera novedosa para inflar la imagen de las startups de inteligencia artificial sin que toda la inversión refleje realmente esas cifras récord. En lugar de hacer dos rondas seguidas con valoraciones crecientes, algunos fondos concentran todo el dinero en una sola ronda pero a dos precios distintos: una parte del cheque se invierte a una valoración más baja y otra parte a una valoración mucho más alta, que es la que se hace pública como “titular”.
Ejemplos recientes son Aaru, una startup de investigación con “clientes sintéticos”, y Serval, una plataforma de help desk de TI con IA. En ambos casos, el inversor líder (como Redpoint o Sequoia) obtuvo acciones a un precio preferente —por ejemplo, a valoraciones de 400–450 millones de dólares— mientras que el resto de inversores entró a una valoración de 1.000 millones. Así, la empresa puede proclamarse “unicornio”, aunque una parte importante de su capital se vendió mucho más barata.
Esta estrategia genera una poderosa señal de mercado: aparenta que la empresa ya es la gran ganadora de su sector, intimida a posibles competidores y ayuda a atraer talento y clientes corporativos. Sin embargo, también multiplica el riesgo. Expertos como Wesley Chan (FPV Ventures) y Jack Selby (Thiel Capital) advierten de comportamientos de burbuja: las compañías que aceptan estas valoraciones extremas quedan obligadas a subir aún más el precio en la siguiente ronda para evitar una “down round” punitiva, lo que podría recortar la participación de fundadores y empleados y dañar la confianza de inversores, socios y futuras contrataciones.
En un mercado de IA extremadamente competitivo y con rondas sobredemandadas, esta ingeniería de valoraciones permite a los VCs “coronar” ganadores muy pronto, pero también convierte a las startups en equilibristas caminando sobre un cable cada vez más alto y frágil.


