El CEO de Y Combinator, Garry Tan, confesó en una charla en SXSW que apenas duerme cuatro horas por noche porque está obsesionado con los agentes de inteligencia artificial. Dice tener una especie de “ciberpsicosis” por la emoción que le genera programar con estas herramientas, hasta el punto de ya no necesitar fármacos como el modafinilo, que usó en el pasado para estirar sus jornadas de trabajo.
El origen de su entusiasmo es gstack, una configuración de Claude Code que Tan publicó en GitHub bajo licencia abierta. gstack reúne una serie de “habilidades” (prompts especializados) que convierten a la IA en distintos roles dentro de un equipo técnico: CEO que evalúa ideas, ingeniero que programa, revisor de seguridad, diseñador, redactor de documentación, entre otros. La propuesta imita la estructura de una organización de ingeniería y permite encadenar tareas complejas.
El proyecto se volvió viral rápidamente: acumuló cerca de 20.000 estrellas y más de 2.000 bifurcaciones en GitHub, además de atención en X y Product Hunt. Un CTO amigo de Tan llegó a describir gstack como “modo dios” tras detectar con la herramienta una vulnerabilidad de seguridad en su código, y el propio Tan vaticinó que la mayoría de los nuevos repositorios acabarán usándola.
Sin embargo, el entusiasmo se mezcló con una fuerte ola de críticas. Emprendedores y desarrolladores cuestionaron que el aporte de gstack sea realmente novedoso, señalando que, en esencia, se trata de un conjunto de prompts que muchos ya utilizan por su cuenta. Otros acusaron a Tan de exagerar sus logros y de aprovechar su posición como CEO de Y Combinator para promocionar un proyecto que, sin ese respaldo, habría pasado desapercibido.
Para tratar de equilibrar el debate, el artículo consultó a varios modelos de IA. ChatGPT calificó gstack como una colección de flujos de prompts “razonablemente sofisticados” y señaló que el verdadero valor está en simular una estructura de equipo de ingeniería en vez de pedir a la IA que simplemente “haga una función”. Gemini lo describió como una configuración “pro”, más centrada en mejorar la corrección del código que en facilitar el trabajo básico. Claude, por su parte, lo definió como un sistema maduro y bien diseñado por alguien que lo usa intensivamente.
Más allá de la polémica por el hype, el caso de gstack ilustra cómo la nueva ola de programación asistida por IA está cambiando la forma de trabajar de fundadores y equipos técnicos, y alimenta tanto promesas de mayor productividad como temores sobre una cultura de trabajo llevada al extremo gracias a estas herramientas.


