Durante los últimos cinco años, los fondos de capital riesgo han volcado más de medio billón de dólares en startups de inteligencia artificial. Sin embargo, un nuevo informe de Sightline Climate apunta a que la apuesta más inteligente ligada a la IA podría no estar en los modelos ni en el software, sino en la energía que los alimenta.
Los centros de datos, columna vertebral de la IA, se están topando con un cuello de botella: la falta de acceso a suficiente electricidad. De los 190 gigavatios (GW) de proyectos de centros de datos que Sightline sigue en el mundo, solo 5 GW están actualmente en construcción. En 2025, alrededor del 36% de los proyectos sufrieron retrasos, y hasta la mitad de los centros anunciados podrían posponerse. Esto amenaza con frenar a grandes empresas y a cualquier negocio que dependa de la IA.
Esta escasez crea una nueva ola de oportunidades para inversores. Gigantes como Google, Meta, Amazon y Oracle están reduciendo su dependencia de la red eléctrica tradicional y destinando grandes partidas a proyectos solares, eólicos, nucleares y baterías de larga duración. Un ejemplo destacado es el acuerdo de Google en Minnesota, que combina energía eólica y solar con una batería masiva de 30 gigavatio-hora de Form Energy, además de un nuevo esquema tarifario con la eléctrica Xcel Energy para facilitar la adopción de tecnologías innovadoras.
Paralelamente, está emergiendo un ecosistema de startups energéticas. Empresas como Amperesand, DG Matrix y Heron Power trabajan en nuevas tecnologías de conversión de energía, mientras que Camus, GridBeyond y Texture desarrollan software para gestionar de forma más inteligente el flujo de electricidad en la red y en los centros de datos. Otro frente clave son las baterías a gran escala: la Administración de Información Energética de EE. UU. prevé que el país alcance casi 65 GW de capacidad de almacenamiento en baterías a finales de este año. Empresas como Form Energy intentan aprovechar este impulso con rondas de financiación de cientos de millones de dólares antes de salir a bolsa.
El trasfondo es un sistema eléctrico tensionado como no se veía en décadas, con escasez de equipos como turbinas de gas y una red envejecida. Estas carencias han disparado los precios de la electricidad y han llevado al gobierno de Trump a presionar a las compañías de IA para que construyan sus propias fuentes de energía o acepten pagar tarifas más altas. La respuesta del sector está siendo diversificar: más centros de datos se diseñan con generación propia en el sitio o modelos híbridos que combinan red y recursos propios. Aunque menos de una cuarta parte de los proyectos con fuente de energía identificada optan por estas soluciones, representan ya el 44% de la capacidad total prevista.
El problema no se limita a generar electricidad; también hay que gestionarla dentro de las instalaciones. Ahí entra en juego un actor tradicionalmente ignorado: el transformador. La tecnología actual, basada en grandes bloques de hierro y bobinas de cobre con 140 años de antigüedad, se queda corta frente a la creciente densidad de potencia de los racks de servidores. A medida que estos alcancen 1 megavatio por rack, el espacio requerido para el equipo eléctrico podría duplicar al de los propios servidores. Esto ha atraído inversión hacia startups de transformadores de estado sólido, que emplean electrónica de potencia basada en silicio para ofrecer equipos más compactos y versátiles. Aunque son más caros, pueden sustituir varios dispositivos a la vez, lo que podría hacerlos competitivos en costes.
En comparación con las multimillonarias rondas de financiación en IA, las inversiones en baterías, redes y transformadores parecen modestas. Pero precisamente por eso resultan más manejables y ofrecen, además, una cobertura frente a una posible burbuja de la IA. En un mundo que electrifica rápidamente el transporte, la industria y los servicios digitales, la demanda de energía no hará más que crecer. Para muchos inversores, la conclusión es clara: puede que la mejor inversión en IA sea, en realidad, invertir en la infraestructura energética que la hace posible.


