Mientras Jensen Huang, CEO de Nvidia, presentaba en la conferencia GTC sus últimas apuestas en inteligencia artificial, el mercado reaccionaba a la baja. Pese a que la compañía, valorada en 4 billones de dólares, proyecta pedidos por 1 billón para sus nuevos chips Blackwell y Vera Rubin antes de 2027 y calcula mercados de decenas de billones para agentes de IA y robótica, los inversores de Wall Street se muestran escépticos ante la posibilidad de una burbuja y la enorme incertidumbre que rodea al sector.
Durante más de dos horas, Huang detalló avances en gráficos para videojuegos, infraestructura de redes, acuerdos en vehículos autónomos y un nuevo chip desarrollado junto a Groq para acelerar la inferencia de IA en el sistema Vera Rubin. Sin embargo, analistas como Daniel Neuman, de Futurum, señalan que la rapidez de la innovación genera una “gran nueva incertidumbre” sobre el impacto de la IA en las estructuras sociales y económicas, algo que los mercados detestan.
Neuman defiende que la adopción de IA en las empresas está creciendo más rápido de lo que sugieren los titulares, aunque el retorno de inversión aún no se refleje con claridad en los datos. Los números de Nvidia refuerzan esa lectura: la compañía encadena trimestres superando previsiones y elevó sus ingresos un 73% interanual, mientras cierra acuerdos gigantes como el de Amazon, que planea comprar 1 millón de GPU para AWS antes de 2027.
Kevin Cook, estratega de Zacks Investment Research, sostiene que la economía “orbita alrededor de Nvidia”, al proveer la infraestructura básica sobre la que se apoyan hardware, software y “IA física” en múltiples sectores. Aunque nadie descarta que pueda formarse una burbuja de IA, el mensaje central es que Nvidia sigue avanzando a toda velocidad y arrastrando con ella a buena parte de la economía global, incluso cuando la bolsa duda de hasta dónde puede llegar este ciclo.


