Una mujer de 82 años en Kentucky rechazó una oferta de 26 millones de dólares de una empresa de inteligencia artificial que pretendía convertir su granja en un centro de datos. Aunque la compañía sigue intentando reclasificar 2.000 acres cercanos para ese uso, su negativa se ha convertido en símbolo de cómo las comunidades empiezan a plantar cara a la expansión física de la infraestructura de IA.
Este choque entre el entusiasmo tecnológico y sus consecuencias reales también se ve en otros frentes: OpenAI decidió cerrar su polémica app Sora, y la justicia estadounidense empieza a responsabilizar a plataformas como Meta y YouTube en un juicio histórico sobre adicción a redes sociales. En el pódcast Equity de TechCrunch, los presentadores analizan cómo el “hype” de la IA se enfrenta por fin a regulaciones, tribunales y al rechazo de parte de la ciudadanía.


