Dos encuestas recientes muestran que los centros de datos —la infraestructura que alimenta la inteligencia artificial y gran parte de internet— han pasado de ser casi invisibles a convertirse en un foco de conflicto local en Estados Unidos.
Un sondeo conjunto de Harvard y MIT, realizado en noviembre a 1.000 personas, revela que un 40% apoyaría la construcción de un centro de datos en su zona, mientras que un 32% se opondría. Curiosamente, más encuestados preferirían tener un almacén logístico de comercio electrónico antes que un centro de datos cerca de su casa.
El principal temor es la factura de la luz: dos tercios de los participantes temen que la llegada de un centro de datos en su región encarezca los precios de la electricidad. El posible impulso económico y la creación de empleo juegan a favor de estos proyectos, pero los expertos recuerdan que, una vez operativos, suelen generar pocos puestos de trabajo estables.
Una segunda encuesta de la Universidad de Quinnipiac, publicada esta semana y realizada a 1.397 adultos en Estados Unidos, dibuja un rechazo aún más contundente: el 65% se opone a que se construya un centro de datos de IA en su comunidad, frente a solo un 24% que estaría a favor.
En conjunto, los estudios apuntan a que la batalla social y política por la expansión de la infraestructura de IA está lejos de resolverse. Lo que antes eran instalaciones discretas que funcionaban en un segundo plano, hoy se han convertido en un tema cargado de tensiones sobre energía, empleo y el impacto de la tecnología en la vida cotidiana.


