El CEO de Amazon, Andy Jassy, aprovechó su carta anual a los accionistas para lanzar un mensaje claro: la compañía quiere dejar de depender de otros fabricantes y convertirse en un proveedor tecnológico de primer nivel, especialmente en inteligencia artificial y computación en la nube.
Sin atacar de forma directa, Jassy se compara con gigantes como Nvidia e Intel. Sobre Nvidia, subraya que casi toda la IA actual corre en sus chips, pero señala que ya comenzó un cambio: los clientes de AWS buscan mejor relación precio‑rendimiento y están adoptando los procesadores de IA propios de Amazon, Trainium. Asegura que la demanda es tan alta que la capacidad del nuevo Trainium3 está casi agotada, y también la de Trainium4, un chip que aún falta 18 meses para llegar al mercado. Según Jassy, esta línea ya supone un ritmo de ingresos anual de 20.000 millones de dólares, que podría ser de 50.000 millones si Amazon vendiera los chips a terceros como un fabricante tradicional.
Tampoco deja fuera a Intel. Presume que el chip Graviton, desarrollado por Amazon para competir con la arquitectura x86, ya es usado de manera amplia por el 98 % de los 1.000 mayores clientes de EC2, los servicios estrella de computación en la nube de AWS. Incluso, dice, dos grandes compañías pidieron comprar toda la capacidad de instancias con Graviton para 2026, algo que Amazon rechazó para no perjudicar al resto de clientes, lo que usaría como prueba de la fuerte demanda.
Jassy también reivindica otros proyectos estratégicos. Destaca Amazon Leo, su futura constelación de satélites para ofrecer internet —un rival de Starlink—, que debería empezar a operar a mediados de 2026 y que ya habría cerrado acuerdos con empresas como Delta Airlines, AT&T, Vodafone, la red nacional de banda ancha de Australia y la NASA. Además, abre la puerta a que Amazon convierta la experiencia obtenida con su millón de robots en almacenes en productos comerciales de robótica para la industria e incluso para el consumidor final, sin descartar que en el futuro pueda haber robots humanoides con su sello. A esto suma mejoras en entregas en el mismo día, negocio de comestibles y repartos con drones.
El gran objetivo de la carta es justificar un enorme plan de inversión: unos 200.000 millones de dólares en 2026 en gastos de capital, sobre todo para ampliar centros de datos de AWS, más que cualquier otra gran tecnológica. Jassy insiste en que no se trata de una apuesta a ciegas. Cita, por ejemplo, el acuerdo con OpenAI, que se habría comprometido a gastar 100.000 millones de dólares en AWS, aunque reconoce implícitamente las dudas del mercado sobre si cumplirá esa cifra. Como respuesta, afirma que hay otros contratos ya firmados pero aún no anunciados, y más negociaciones avanzadas, que respaldan esta expansión.
Con la acción de Amazon por debajo de los 200 dólares y sin recuperar su antiguo nivel, Jassy busca convencer a los accionistas de que la compañía está bien posicionada para liderar la próxima ola de la IA y la nube. También rechaza que se trate de una burbuja: admite el debate público sobre si la IA está sobrevalorada, pero sostiene que, al menos para Amazon, la oportunidad es real y justifica el gasto masivo que se avecina.


