El nuevo informe anual sobre la industria de la inteligencia artificial de la Universidad de Stanford revela una brecha creciente entre lo que piensan los expertos en IA y lo que siente el público. Mientras una mayoría de especialistas cree que la tecnología tendrá efectos positivos en ámbitos como el empleo, la sanidad y la economía, gran parte de la ciudadanía —especialmente en Estados Unidos y entre los jóvenes de la Generación Z— se muestra cada vez más preocupada, enfadada y pesimista.
Estudios citados por el informe, como los de Pew Research, muestran que solo un 10% de los estadounidenses se siente más entusiasmado que preocupado por el aumento de la IA en la vida diaria, frente a un 56% de expertos que prevé un impacto positivo en el país a 20 años. La distancia se amplía en áreas clave: el 84% de los expertos cree que la IA mejorará la atención médica, pero solo el 44% del público coincide; el 73% de especialistas piensa que beneficiará la forma en que trabajamos, mientras solo el 23% de la población lo ve así. Respecto a la economía, el 69% de expertos espera efectos positivos, frente a apenas un 21% del público, que asocia la IA con despidos y precariedad laboral.
Esa frustración también se refleja en redes sociales, donde algunos comentarios han llegado a apoyar ataques contra figuras del sector tecnológico, como el incidente reciente en la casa del CEO de OpenAI, Sam Altman. Las reacciones recuerdan a otros episodios de violencia ligados al malestar económico, lo que sugiere que el rechazo a la IA está más conectado con el miedo a perder el sustento y a la subida de costes —como la energía necesaria para los centros de datos— que con temores abstractos de una “IA tipo Skynet”.
El informe de Stanford también muestra una fuerte desconfianza en la capacidad de los gobiernos para regular la IA. Estados Unidos es el país con menos confianza en su gobierno para hacerlo de forma responsable (31%), muy por detrás de Singapur (81%). A nivel federal, el 41% de los encuestados cree que la regulación de la IA se quedará corta, mientras solo un 27% teme que se exceda.
Pese a todo, la percepción global no es totalmente negativa: entre 2024 y 2025 subió del 55% al 59% la proporción de personas que considera que los productos y servicios de IA aportan más beneficios que desventajas. Sin embargo, el porcentaje de quienes reconocen que la IA les genera nerviosismo también creció, del 50% al 52%, reflejando un sentimiento ambivalente: la gente usa la tecnología cada vez más, pero confía cada vez menos en sus efectos y en quienes la dirigen.


