La industria de las gafas inteligentes lleva más de una década quemando miles de millones sin encontrar aún la fórmula para ser rentable. Pese al atractivo de liberar a los usuarios del móvil y llevar la computación en el rostro, los dispositivos han sido voluminosos, incómodos y con poco software útil.
Ahora varios actores del sector creen estar cerca de un punto de inflexión. El empujón de Meta con sus Ray-Ban inteligentes —que por primera vez han logrado buenas ventas, aunque su división Reality Labs sigue acumulando pérdidas multimillonarias— ha reactivado la carrera y ha ayudado a pulir el diseño y las aplicaciones.
En este contexto aparece Xreal, socio de Google, que presentó en la conferencia Google I/O su nuevo modelo Aura. Se trata de unas gafas con pantallas OLED integradas en la montura, capaces de reproducir vídeo en alta resolución directamente ante los ojos del usuario. El sistema funciona conectado mediante cable a un pequeño “puck”, un miniordenador del tamaño de un móvil que se guarda en el bolsillo y alimenta toda la experiencia.
A cambio de ese accesorio algo aparatoso, Aura ofrece funciones más ambiciosas: una versión inmersiva de Google Maps, vídeos de YouTube en formato VR, una app de pintura que permite dibujar hologramas mediante seguimiento de manos, juegos controlados también por gestos y navegación web básica. Xreal promete usos cotidianos como seguir recetas flotando ante el usuario, crear una oficina virtual privada en una cafetería o ver películas en una pantalla virtual gigante.
Su fundador y CEO, Chi Xu, sostiene que la clave está en que por fin coinciden tres piezas: hardware más compacto, un sistema operativo maduro y una interfaz más amigable. Aspira a que las gafas no solo se usen para ocio —por ejemplo, ver la NBA en formato holográfico— sino también para trabajo móvil.
De momento Aura solo está disponible para desarrolladores, pero Xreal prevé un lanzamiento comercial a finales de año y prepara una salida a bolsa antes de que acabe 2026. Mientras tanto, asegura estar mejorando márgenes y recortando gastos de marketing con el objetivo de alcanzar el punto de equilibrio el próximo año. El desafío de fondo sigue siendo el mismo: demostrar que, más allá del entusiasmo tecnológico, las gafas inteligentes pueden convertirse en un negocio sostenible.


