Como fundador de un negocio en el sector tecnológico, paso cada vez más tiempo pensando en la inteligencia artificial (IA) y su impacto. ¿Es la IA el comienzo del fin de la humanidad o es nuestra salvadora? La verdad probablemente se encuentra en un punto intermedio, pero hay razones claras por las que las empresas deberían preocuparse por la IA.
La Ley de Amara establece que el impacto de las tecnologías se sobreestima a corto plazo, pero se subestima a largo plazo. Un ejemplo de sobreestimación son los coches autónomos, que se han anunciado para el próximo año desde 2016, pero aún no están listos para las complejidades de las carreteras.
Esto es preocupante para las empresas por dos razones. Primero, si los gerentes sobreestiman la preparación de una tecnología, pueden asignar demasiados recursos para implementarla rápidamente, lo que a menudo resulta en fracasos. Segundo, si subestiman una tecnología, como muchos hicieron con la nube y ahora con la IA, se quedarán atrás frente a sus competidores.
La segunda razón para preocuparse es que los sistemas de propósito general, como la IA, no se pueden revertir una vez que se liberan. Por ejemplo, en manos de Tim Berners-Lee, la computadora personal y el Internet se convirtieron en la web. ¿Qué pasará con las redes neuronales artificiales en manos de un hacker? La caja de Pandora ya se ha abierto y no podemos volver atrás.
La tercera razón es el impacto dramático en el mercado laboral. Antes de 2025, McKinsey y el Instituto de Investigación de Políticas Públicas ya estaban preocupados por la pérdida de empleos. Cada día se anuncian gobiernos que abren sus datos a empresas para entrenar redes neuronales, y muchas compañías están reemplazando a sus empleados con agentes de IA. Esto ha dejado a muchas personas talentosas sin trabajo.
Las empresas enfrentan un desafío triple: reorganizar sus equipos para trabajar junto a agentes de IA, tranquilizar a los empleados que quedan, y hacerlo mientras la amenaza de la IA se cierne sobre ellos, dependiendo de decisiones de personas en oficinas.
La cuarta razón es probablemente la más grave. En los primeros años de 2010, Cambridge Analytica recolectó ilegalmente datos personales de millones de usuarios de Facebook, lo que se utilizó para influir en las elecciones de 2016 en EE. UU. Esto ha llevado a un aumento en la pobreza infantil y tensiones sociales que preceden el ascenso de líderes populistas. La IA, junto con la creación de “deep fakes”, está surgiendo en un momento en que la desinformación está en aumento, lo que podría tener consecuencias devastadoras.
Los líderes empresariales pueden pensar que no tienen tiempo para preocuparse por la política, pero si trabajan en tecnología, son parte del problema y potencialmente de la solución. La ignorancia no es una defensa.
La IA es una ola que ya está rompiendo a nuestro alrededor. Dado que ya está aquí, los comentarios sobre la IA son a menudo confusos y desactualizados. Hay consenso sobre el pasado, pero no sobre el futuro. La IA probablemente se volverá más barata y fácil de usar, y hacia dónde nos llevará dependerá de la política y la ética de quienes la utilicen. La Ley de Amara nos dice que la IA está a punto de volverse muy práctica. Bienvenidos al futuro.


