Tres años después del boom de la IA generativa, la mayoría de las startups del sector sigue ganando dinero vendiendo soluciones a empresas, no a consumidores finales. Aunque herramientas generalistas como ChatGPT lograron una adopción masiva, las apps de IA especializadas para el gran público no han encontrado todavía su encaje.
En un evento de TechCrunch StrictlyVC, el inversor Chi-Hua Chien (Goodwater Capital) comparó muchas de las primeras apps de vídeo, audio y foto con la famosa app de linterna del primer iPhone: algo llamativo al principio, pero fácil de integrar luego en el propio sistema o en grandes plataformas. Con la aparición de modelos de vídeo como Sora o alternativas open source chinas, muchas oportunidades para pequeñas startups se han desvanecido.
Chien sostiene que, igual que en los primeros años del móvil hicieron falta tiempo y madurez de la plataforma antes de que aparecieran gigantes como Uber o Airbnb, la IA necesita una fase de “estabilización” antes de ver productos de consumo realmente transformadores. Señala avances como Gemini de Google, que ya compite tecnológicamente con ChatGPT, como señales de que esa etapa podría estar llegando.
Elizabeth Weil, fundadora de Scribble Ventures, define el momento actual como una “adolescencia incómoda” para las aplicaciones de IA de consumo. Ambos coinciden en que el smartphone, aunque es el dispositivo que más usamos, puede ser demasiado limitado para explotar todo el potencial de la IA, entre otras cosas porque no es un dispositivo “ambiente” que perciba de forma continua nuestro contexto.
Por eso, grandes empresas y startups están compitiendo por crear el próximo dispositivo personal que suceda al teléfono. OpenAI y el exjefe de diseño de Apple, Jony Ive, trabajan en un dispositivo de bolsillo sin pantalla; Meta apuesta por gafas inteligentes Ray-Ban controladas con una pulsera de gestos; y varios emprendedores han intentado lanzar pines, colgantes o anillos con IA, hasta ahora con resultados discretos.
Aun así, no todo pasa por inventar un nuevo hardware. Chien ve potencial en asesores financieros personales basados en IA, hiperadaptados a cada usuario, mientras que Weil imagina tutores virtuales permanentes y personalizados, probablemente todavía accesibles desde el móvil.
Donde los dos inversores se muestran más escépticos es en las nuevas redes sociales impulsadas por IA que están surgiendo en modo ‘stealth’: en ellas, miles de bots interactúan con el contenido del usuario. Chien duda de que funcionen, porque convierten lo social en “un juego de un solo jugador” y, a su juicio, la gracia de las redes es saber que al otro lado hay personas reales.


