La startup de inteligencia artificial xAI, dirigida por Elon Musk, atraviesa una ola de salidas que ya alcanza a seis de los 12 cofundadores y al menos nueve ingenieros en cuestión de días. En una reunión interna, Musk restó dramatismo a las marchas alegando que se trata de un cambio de “encaje” propio de una empresa que crece, pero horas después admitió en X que la reestructuración no fue voluntaria y que “fue necesario prescindir de algunas personas” para ganar velocidad de ejecución.
Entre los que se van figuran cofundadores clave como Yuhuai (Tony) Wu, responsable de razonamiento, y Jimmy Ba, líder de investigación y seguridad, además de varios ingenieros que han anunciado que lanzarán nuevos proyectos juntos. Muchos justifican su salida por el deseo de trabajar en equipos pequeños, con más autonomía y propuestas más creativas que, según uno de ellos, se alejen de la carrera por “construir todos lo mismo” en los grandes laboratorios de IA.
Las dimisiones se producen en un momento delicado para xAI. La compañía afronta investigaciones por el papel de su modelo Grok en la generación y difusión de deepfakes sexuales de mujeres y menores, que han motivado incluso un registro de las oficinas de X en Francia. Al mismo tiempo, se prepara para una salida a bolsa tras ser adquirida legalmente por SpaceX. Musk también está bajo presión personal por correos electrónicos que lo vinculan con el entorno de Jeffrey Epstein.
Aunque xAI supera los 1.000 empleados y su capacidad operativa no parece amenazada a corto plazo, la pérdida de la mitad del equipo fundador y la salida coordinada de talento técnico abren dudas sobre tensiones internas, el rumbo del proyecto y su capacidad para competir por investigadores punteros frente a OpenAI, Anthropic y Google. En las redes, la narrativa de un “éxodo masivo” se ha viralizado hasta convertirse en un meme, reflejando cómo la percepción pública podría empezar a pesar tanto como los hechos dentro de la empresa.


