SpaceX ha presentado de forma confidencial la documentación para salir a bolsa con una valoración potencial de 1,75 billones de dólares, en una operación en la que buscaría captar unos 75.000 millones. Según el propio Elon Musk, una de las grandes apuestas estratégicas para el futuro de la compañía serán los centros de datos en órbita.
En un episodio reciente del pódcast Equity de TechCrunch, los periodistas Kirsten Korosec, Sean O’Kane y Anthony Ha analizaron esta visión y la compararon con otros proyectos similares. Empresas como la startup Starcloud —recién convertida en unicornio tras recaudar 170 millones de dólares— o los proyectos espaciales de Jeff Bezos, con la constelación de Amazon y Blue Origin, también están compitiendo por llevar la infraestructura de computación al espacio.
La idea de los centros de datos orbitales responde, en parte, a la creciente oposición en Estados Unidos a la construcción de grandes centros de datos en tierra por su consumo energético, impacto ambiental y uso de suelo. Para algunos directivos, el reto de ingeniería en el espacio podría ser menor que los obstáculos sociales y regulatorios en el planeta.
Sin embargo, los analistas del pódcast subrayan que estos proyectos siguen rodeados de dudas técnicas y económicas. Aunque puedan complementar la capacidad de cómputo en la Tierra, es poco probable que sustituyan a los centros de datos terrestres a gran escala. Además, si se confirma una menor necesidad de nuevas infraestructuras de IA, el impulso para invertir en soluciones tan ambiciosas podría enfriarse.
En el caso de SpaceX, la estrategia tiene también un componente financiero: como empresa de lanzamientos, cada satélite y cada módulo de un futuro “data center” orbital supondría nuevos contratos y más ingresos. Eso haría más atractiva la empresa ante los inversores cuando debute en bolsa, reforzando el relato de Musk de vender no tanto los resultados actuales, sino una visión de futuro monumental.


