La popularidad de las aplicaciones de dictado, como Wispr, está cambiando el ambiente de trabajo en las oficinas tecnológicas. Un reportaje reciente del Wall Street Journal describe cómo, gracias a la integración con herramientas de programación asistida por IA, cada vez más profesionales hablan o susurran a sus computadoras en lugar de teclear.
El resultado es que muchas startups se sienten ahora como centros de llamadas de alta gama. Un inversionista asegura que entrar en estas oficinas se parece a visitar un call center sofisticado. Edward Kim, cofundador de Gusto, incluso predice que las oficinas del futuro sonarán “más como un piso de ventas”, con empleados hablando de forma constante con sus máquinas. Él mismo afirma que solo escribe cuando es absolutamente necesario, aunque reconoce que dictar todo el tiempo puede ser “un poco incómodo”.
La incomodidad no se limita a la oficina. La emprendedora de IA Mollie Amkraut Mueller cuenta que su marido se hartó de oírla susurrar a su computadora durante la noche, lo que les ha obligado a trabajar separados o en habitaciones distintas. Pese a estas fricciones, Tanay Kothari, fundador de Wispr, defiende que este cambio acabará viéndose como algo normal, igual que hoy aceptamos pasar horas mirando el teléfono. La cuestión abierta es cómo se adaptarán la etiqueta y el diseño de los espacios de trabajo a un futuro en el que hablar con la máquina será constante.


