Anthropic ha cerrado un acuerdo clave con xAI, la filial de inteligencia artificial de SpaceX, para usar toda la capacidad de cómputo del centro de datos Colossus 1, en Memphis (Tennessee). En la práctica, Anthropic pasa a controlar el uso de ese enorme hardware —principalmente GPUs— para impulsar sus productos de IA orientados a empresas.
Los analistas del pódcast Equity de TechCrunch ven el movimiento como un giro estratégico con luces y sombras. Por un lado, xAI se convierte en un “neocloud”: en vez de usar sus propios chips para entrenar modelos punteros, los alquila a terceros, encontrando así una vía inmediata de ingresos. Por otro lado, esto apunta a que xAI no está avanzando mucho en el desarrollo de modelos de frontera, lo que debilita su imagen de compañía innovadora.
La situación es especialmente sensible porque SpaceX se prepara para salir a bolsa y planea disolver xAI como entidad independiente, integrándola bajo la marca SpaceXAI. Mientras tanto, su chatbot Grok no logra despegar en el mercado, sufre críticas por contenidos problemáticos y ni siquiera habría sido adoptado de forma consistente por los propios empleados de xAI, lo que ya provocó tensiones internas y la marcha de casi todos los cofundadores.
Algunos comentaristas interpretan el acuerdo con Anthropic como una maniobra para presentar a los futuros inversores un negocio más tangible —alquiler de infraestructura de IA— justo antes del mega-IPO de SpaceX. Sin embargo, recuerdan que este tipo de servicios genera menos entusiasmo inversor que los laboratorios que lideran el desarrollo de modelos de IA de última generación. A ello se suma un frente legal: xAI afronta una demanda ambiental por operar las turbinas de gas de Colossus 1 sin los permisos adecuados, lo que añade incertidumbre regulatoria al proyecto.


