La administración Trump quiere que PJM Interconnection, el mayor operador eléctrico de Estados Unidos, organice una subasta de contratos a 15 años para construir unos 15.000 millones de dólares en nueva capacidad de generación. La Casa Blanca y varios gobernadores presionan para que las grandes tecnológicas participen en la puja aunque no necesiten todavía toda esa energía para sus centros de datos, con el argumento de que la demanda de estos se triplicará de aquí a 2035.
PJM, que abastece a más de 65 millones de personas en 13 estados del Medio Oeste y la costa Este e incluye el gran polo de centros de datos del norte de Virginia, ha respondido con frialdad. La entidad asegura que solo está “revisando” el documento de principios presentado por el Gobierno y recuerda que ya lleva meses preparando su propio plan para aumentar la capacidad. Su portavoz incluso admitió que PJM ni fue invitada al evento público en el que la Casa Blanca prevé anunciar la iniciativa.
La tensión llega en un contexto de subida de la luz: las tarifas eléctricas en la región aumentaron entre un 10 % y un 15 % en 2025. Según el supervisor independiente Monitoring Analytics, el pico de demanda en PJM ha crecido un 10 % en la última década y se espera que suba otro 6,5 % en 2027, con los centros de datos y el auge de la IA como grandes responsables. Al encarecimiento contribuye también el fuerte aumento del precio del gas natural, combustible del que depende buena parte del parque de generación de PJM y que explicaría alrededor del 60 % del incremento de precios.
Los operadores de red se encuentran atrapados entre la urgencia de atender el boom de la IA y los riesgos de sobredimensionar el sistema. Levantar nuevas centrales fósiles exige años y cientos de millones de inversión, con el temor de que, si la fiebre de la IA se enfría, queden activos caros e infrautilizados durante décadas. Ante esa incertidumbre, muchas tecnológicas están apostando por renovables más flexibles y rápidas de desplegar: grandes plantas solares y baterías que pueden levantarse en unos 18 meses, por fases, y acompasar así el crecimiento de sus centros de datos y la gestión de riesgos. La propuesta de la Casa Blanca busca que las propias empresas tecnológicas asuman más directamente el coste de garantizar el suministro futuro, algo que PJM, al menos de momento, no parece dispuesta a respaldar sin reservas.
(Se ha omitido la parte del texto relativa a la promoción del evento TechCrunch Disrupt 2026 al no formar parte sustantiva de la noticia energética y regulatoria.)


