La startup Linq, nacida en Birmingham (Alabama) como tarjeta de presentación digital para equipos de ventas, ha encontrado finalmente su gran nicho: ser la infraestructura que permite a empresas y agentes de IA comunicarse con usuarios directamente desde apps de mensajería como iMessage, RCS y SMS.
Tras varios giros de modelo, la compañía —fundada por exdirectivos de Shipt, Elliott Potter (CEO), Patrick Sullivan (CTO) y Jared Mattsson (presidente)— lanzó en febrero de 2025 una API que permite a las empresas enviar mensajes nativos dentro de iMessage, con todas las funciones habituales para usuarios de iPhone: chats en grupo, emojis, respuestas en hilo, imágenes y notas de voz. El objetivo: que los mensajes de las marcas se vean como “burbujas azules”, no como los clásicos textos grises o verdes que delatan a un número comercial, reforzando así la sensación de autenticidad.
En solo ocho meses, Linq duplicó los ingresos recurrentes anuales que había acumulado en cuatro años. El verdadero impulso, sin embargo, llegó con el auge de los agentes de inteligencia artificial. El caso que encendió la mecha fue Poke, un asistente de IA que funciona dentro de iMessage y que se viralizó tras su lanzamiento en septiembre. Su éxito desató una avalancha de peticiones de otras startups de IA que querían usar la API de Linq para ofrecer sus chatbots directamente en iMessage, RCS y SMS, sin necesidad de crear aplicaciones propias.
Ante esa demanda, Linq decidió pivotar de nuevo: en lugar de limitarse a servir a equipos de ventas B2B, apostó por convertirse en la capa de infraestructura para la nueva generación de aplicaciones de mensajería programática. Potter argumenta que los consumidores sufren “fatiga de apps”, mientras que interactuar con asistentes de IA desde la misma aplicación de mensajes que usan a diario reduce la fricción tanto para usuarios como para desarrolladores.
Los números acompañan el relato: la base de clientes creció un 132 % respecto al trimestre anterior y, en promedio, cada cuenta aumentó su uso un 34 %. Los agentes de IA de sus clientes alcanzan ya 134.000 usuarios activos mensuales y la plataforma procesa más de 30 millones de mensajes al mes. Linq afirma tener una retención neta de ingresos del 295 % y asegura no haber sufrido bajas de clientes.
Para seguir creciendo, la empresa anunció una ronda Serie A de 20 millones de dólares liderada por TQ Ventures, con participación de Mucker Capital y varios inversores ángeles. El capital se destinará a ampliar el equipo, afinar su estrategia comercial y seguir desarrollando la tecnología. Linq no reveló su valoración.
No obstante, el modelo tiene riesgos claros. Hoy, gran parte de la propuesta de valor se apoya en iMessage y, por tanto, en las reglas de Apple. La compañía no puede descartar que Apple cambie políticas —como hizo Meta con WhatsApp al restringir ciertos chatbots— y limite la actividad de terceros. Además, iMessage es dominante en Estados Unidos, pero no en otros mercados donde reinan WhatsApp, WeChat, Telegram o Signal.
Potter sostiene que la visión de Linq va más allá de iMessage: la empresa ya ofrece voz programática, RCS y SMS, y aspira a integrar cualquier canal donde estén los usuarios, desde Slack y el correo electrónico hasta WhatsApp, Telegram, Discord o Signal. Su ambición es ser la plataforma unificada para construir y operar tecnología conversacional, facilitando que la comunicación entre humanos y agentes de IA sea tan sencilla como enviar un mensaje a un amigo.
Para los inversores, el atractivo está en esa promesa. Andrew Marks, cofundador de TQ Ventures, afirmó que al hacer la comunicación entre IA y humanos tan fluida como un chat personal, Linq abre la puerta a una nueva categoría de empresas. La apuesta ahora es ver si la startup consigue consolidarse como el “hub” central de estas conversaciones en un ecosistema dominado por gigantes tecnológicos y regulado por plataformas ajenas.


