Grammarly lanzó recientemente “Expert Review”, una función de pago que prometía ofrecer comentarios editoriales como si procedieran de figuras conocidas, desde Stephen King o Carl Sagan hasta periodistas tecnológicos como Kara Swisher. El sistema utilizaba IA para imitar el estilo y el criterio de cientos de autores y expertos… pero sin haberles pedido autorización para usar sus nombres ni su supuesta “voz profesional”.
La periodista de investigación Julia Angwin, una de las afectadas, ha presentado una demanda colectiva contra Superhuman, empresa matriz de Grammarly, alegando que se han vulnerado sus derechos de privacidad y de uso comercial de su identidad, así como los de otros autores incluidos en el servicio. Angwin, conocida precisamente por investigar abusos de las grandes tecnológicas en materia de datos y privacidad, denuncia que la compañía está vendiendo una versión impostora de su experiencia profesional.
Otros especialistas críticos con los excesos de la IA, como la ética de la IA Timnit Gebru, también aparecían como “expertos” simulados en la herramienta. Sin embargo, las reseñas generadas resultaron ser vagas y genéricas. El periodista Casey Newton probó la función pidiendo una revisión en nombre de una “Kara Swisher” artificial y recibió sugerencias tan superficiales que ponen en duda el valor real del producto frente al simple gancho de marketing de usar nombres famosos.
La verdadera Kara Swisher reaccionó con dureza al enterarse de la imitación, tachando a la empresa de “ladrones rapaces de información e identidad”. La polémica ha obligado a Grammarly a desactivar la función. En un mensaje en LinkedIn, el CEO de Superhuman, Shishir Mehrotra, pidió disculpas por el modo en que se implementó el servicio, pero defendió el concepto de que expertos reales pudieran, en el futuro, ofrecer su “presencia” de forma ubicua a través de herramientas como Grammarly.
El caso abre un nuevo frente en el debate sobre hasta dónde pueden llegar las empresas de IA al entrenar modelos y comercializar servicios que imitan voces, estilos y prestigio de personas reales sin un acuerdo explícito, y podría sentar precedentes legales sobre el uso comercial de identidades en productos de inteligencia artificial.


