Las grandes tecnológicas de Silicon Valley están empezando a plantear una nueva forma de pagar a sus ingenieros: con “tokens de IA”, es decir, créditos de cómputo para usar modelos como Claude, ChatGPT o Gemini. La idea es que, además de salario, acciones y bonus, los empleados reciban un presupuesto anual de compute para ejecutar agentes, automatizar tareas y acelerar su trabajo.
El CEO de Nvidia, Jensen Huang, propuso en el evento GTC que los ingenieros cobren en tokens el equivalente a la mitad de su salario base. Según sus cálculos, algunos podrían consumir hasta 250.000 dólares al año en cómputo de IA, lo que convertiría estas fichas en una poderosa herramienta de reclutamiento y, posiblemente, en un estándar en la industria.
El inversionista Tomasz Tunguz ya venía observando esta tendencia: startups que incorporan el costo de inferencia como un cuarto componente de la compensación. Con datos de Levels.fyi, calcula que un ingeniero del cuartil superior con 375.000 dólares de sueldo podría sumar 100.000 en tokens, de forma que uno de cada cinco dólares del paquete total sería compute.
El auge de la llamada IA “agéntica” —sistemas que actúan de forma autónoma y continua, como el asistente open source OpenClaw— ha disparado el consumo de tokens. Mientras un uso tradicional puede gastar unos miles de tokens, enjambres de agentes automáticos pueden quemar millones en un día. Según un reportaje del New York Times, en empresas como Meta y OpenAI ya existen rankings internos donde los ingenieros compiten por quién consume más tokens, y los generosos presupuestos de cómputo se están convirtiendo en un beneficio laboral tan normal como el seguro dental o las comidas gratis.
Sin embargo, varios expertos advierten de los riesgos. Más tokens implican también más presión: si la empresa paga el equivalente a otro ingeniero en cómputo, puede exigir resultados multiplicados. Además, cuando el gasto en tokens por empleado se acerca o supera su salario, las direcciones financieras pueden replantearse cuánta gente humana necesitan realmente si el trabajo lo hace, en gran parte, la máquina.
El CFO Jamaal Glenn subraya otro problema: estos tokens pueden maquillar a la alza los paquetes de compensación sin aumentar lo que realmente construye patrimonio para el trabajador, como el sueldo en efectivo o la equity. Los tokens no se revalorizan, no consolidan ni cuentan igual en futuras negociaciones salariales. Si las compañías logran normalizar los tokens como parte esencial del sueldo, podrían mantener congelada la compensación real mientras venden el incremento de compute como una gran inversión en su personal.
La cuestión de fondo es si, para los ingenieros, estos presupuestos de IA son un verdadero beneficio o un espejismo que aumenta la dependencia de las máquinas sin mejorar su seguridad laboral ni su riqueza a largo plazo.


