Las grandes tecnológicas están abriendo un nuevo frente en la infraestructura de inteligencia artificial: centros de datos en órbita. Varias startups ya venden la idea de llevar capacidad de cómputo al espacio como la “siguiente gran frontera” para entrenar y operar modelos de IA, aunque su viabilidad técnica y económica sigue siendo muy discutida.
En el último episodio del pódcast Equity de TechCrunch, los presentadores Kirsten Korosec, Anthony Ha y Sean O’Kane analizan cómo este tipo de apuestas extremas conviven con una avalancha de dinero y polémicas en torno a la IA. El programa repasa la gigantesca ronda de financiación de 122.000 millones de dólares asociada a OpenAI, que empuja a la compañía hacia una valoración cercana al billón (trillion) de dólares y refleja las expectativas casi desmesuradas que el mercado tiene sobre el futuro de la IA.
También examinan la nueva financiación de 575 millones de dólares para Whoop, empresa de wearables centrada en el seguimiento avanzado de datos de salud, como muestra de la transición hacia una generación de “wearables 2.0” donde el valor clave está en los datos que recopilan y cómo se gestionan.
El episodio aborda además la fuerte reacción de usuarios contra la herramienta de Bluesky para construir feeds personalizados con IA, que se ha convertido en una de las cuentas más bloqueadas de la plataforma, y analiza si los centros de datos espaciales son algo más que un proyecto muy caro y físicamente complejo. En conjunto, el programa muestra cómo el futuro de la IA se está definiendo tanto por la ambición y el hype como por límites muy reales de costes, tecnología y aceptación social.


