El CEO de AWS, Matt Garman, defendió que Amazon sabe convivir con los conflictos de interés derivados de sus enormes apuestas en inteligencia artificial generativa. En la conferencia HumanX, en San Francisco, recordó que la compañía ha invertido recientemente 50.000 millones de dólares en OpenAI, tras años de alianza y unos 8.000 millones ya comprometidos con Anthropic, dos rivales directos en el mercado de modelos de IA.
Preguntado por cómo gestiona AWS colaborar estrechamente con dos competidores feroces, Garman aseguró que la empresa lleva casi dos décadas acostumbrándose a competir con sus propios socios. Desde los inicios de AWS, explicó, Amazon entendió que no podría construir todos los servicios en la nube por sí misma, por lo que apostó por alianzas con terceros, incluso a sabiendas de que más tarde desarrollaría productos que chocarían con ellos. La clave, según él, es comprometerse a no darse a sí misma ventajas competitivas injustas.
Hoy resulta habitual que empresas que compiten con Amazon utilicen su nube: incluso Oracle, uno de los grandes rivales de AWS, vende su base de datos y otros servicios sobre la infraestructura de Amazon. Este modelo, que en 2006 era casi tabú entre socios tecnológicos, se ha convertido en norma también en el ecosistema de la IA. El caso de Anthropic es ilustrativo: en su última ronda de 30.000 millones de dólares participó al menos una docena de fondos que ya financiaban a OpenAI, incluidos inversores cercanos a Microsoft, su gran socio en la nube.
Para AWS, cerrar un acuerdo de esta magnitud con OpenAI ha sido casi una cuestión de supervivencia competitiva: los modelos de OpenAI y Anthropic ya estaban accesibles en Azure, la nube de Microsoft, y Amazon necesitaba ofrecer capacidades similares a sus propios clientes. Tanto Amazon como Microsoft, además, están impulsando servicios de “enrutado” de modelos que permiten a las empresas combinar diferentes sistemas de IA: uno optimizado para planificación, otro para razonamiento y otros más baratos para tareas sencillas como la autocompleción de código. Esa capa de orquestación es también la vía con la que ambas tecnológicas aspiran a integrar de forma discreta sus propios modelos propietarios, profundizando en una estrategia donde socios y competidores se confunden.
En este contexto, la lealtad exclusiva de inversores y grandes plataformas prácticamente ha desaparecido: todo vale en la carrera por liderar la IA, y Amazon se presenta como una veterana en navegar esas aguas grises entre cooperación y competencia.


