Ian Crosby, conocido por la abrupta caída de su anterior startup Bench Accounting en 2024, vuelve al sector de la contabilidad con Synthetic, una nueva empresa que quiere crear un “contable” completamente autónomo basado en inteligencia artificial. Su objetivo es producir estados financieros por devengo sin intervención humana, algo que él mismo admite que hoy todavía podría no ser técnicamente posible. Aun así, ha conseguido una ronda semilla de 10 millones de dólares liderada por Khosla Ventures, con participación de Basis Set Ventures y del CEO de Shopify, Tobias Lütke.
La apuesta es arriesgada tanto por el historial reciente de Crosby —cuyo antiguo negocio terminó en insolvencia y cierre— como por la ambición tecnológica del proyecto. Sin embargo, el socio de Khosla, Jon Chu, defiende invertir en fundadores cuestionados, argumentando que en las controversias suele imponerse el pensamiento de grupo sobre la realidad. Como ejemplo, cita el caso de Parker Conrad, expulsado de Zenefits y posteriormente fundador de Rippling, hoy valorada en casi 17.000 millones de dólares.
Crosby se desvincula en parte del colapso de Bench: asegura que fue despedido en 2021, meses después de rechazar una oferta de compra de 250 millones de dólares por parte de Brex y en medio de tensiones con el consejo, que criticaba su estrategia y su estilo de liderazgo mientras la empresa quemaba caja. La compañía acabó hundiéndose bajo la nueva dirección. Tras su salida, Crosby pasó por Shopify y creó Teal, otra startup de contabilidad, vendida a Mercury año y medio después; referencias posteriores recogidas por Chu hablan positivamente de su evolución.
Synthetic quiere centrarse solo en startups de software e IA y se compromete a no lanzar un producto que no sea totalmente autónomo, a diferencia de otras plataformas de contabilidad que apoyan sus servicios en equipos humanos. El reto es que los modelos de IA aún cometen errores significativos al llevar libros: el prototipo actual funciona en un conjunto muy limitado de casos y no está claro cómo se comportará a gran escala. Crosby compara la situación con un coche autónomo que solo ha conducido por una calle y aún no sabe si será capaz de circular por cualquier ciudad sin estrellarse. Con varios años de financiación asegurada, afirma que puede esperar a que los modelos de base mejoren lo suficiente como para hacer viable su visión.


